-¿Qué haces encerrada aquí? Su profunda voz me erizó la piel, primera vez que cruzaba una mirada conmigo, primera vez que me hablaba, mi corazón latía desenfrenado, mi rostro cosquillaba sonrojándose cada vez más fuerte. -No estaba espiándote -las palabras salieron antes de que pudiera asimilar que estaba diciendo una obvia mentira. Apolo Snow oprimió sus labios para evitar una sonrisa, maldición, nunca lo había visto sonreír, siempre era serio y parecía frívolo, se le formaban unos hermosos hoyuelos en las mejillas, sí, iba a desfallecer. Me levanté con torpeza y aferré las azas de mi bolso a mis costados, Santo Cristo, él era más hermoso de lo que pinté o pude soñar. -Sé que me espías -dijo-, lo haces todos los días después de clases, siempre sales un poco antes, te encierras aquí y

