NOVE Era muy temprano en la mañana cuando el hambre atacó mi estómago, me senté en la cama tocando un costado de mi cabeza y de repente toda mi visión se llenó de una intensa luz blanca, aferré mis manos a las sábanas para de algún modo saber que seguía en la vida real y observé como paulatinamente todo comenzó a atenuarse. A mí alrededor había un bosque, observé una niña que se me hizo familiar sentada sobre una piedra mirándome fijamente, ella negó con la cabeza y dijo: —Dante, no lo hagas. El hombre que al parecer se llamaba Dante caminó hacia ella se hincó para quedar a su altura, no podía ver su rostro, pero sabía que lo había visto antes. —Es necesario —dijo Dante—, ahora anda con Kitty y déjame en paz. Esa voz profunda era muy conocida para mí. Dante se levantó y cuando se vol

