Recostado en medio de la cama, contemplando el techo de la habitación y disfrutando de la fresca brisa marina que se colaba gracias a las ventanas abiertas, Rhys intentaba comprender cómo es que un cachorro, un bebé, estaba creciendo dentro de su vientre. Hasta donde tenía entendido, él era un humano normal, y al ser un varón, no existía posibilidad alguna de que pudiera tener el don como las mujeres para crear vida dentro de su cuerpo. Y, aun así, el doctor Hungry claramente mostró en la pantalla de su computador lo que era aparentemente un útero, y más increíble, una pequeña vida creciendo ahí adentro. Y por muchas bendiciones y apoyo que Rhys obtuvo de la diosa de la luna, por alguna razón, encontraba difícil que ella tuviera el poder suficiente como para hacer algo así. Emitiendo un

