Capítulo 5. Furioso

1110 Palabras
Los últimos días habían sido un poco extraños entre los dos, especialmente con Sergei queriendo poner distancia entre ambos de una manera tan fría que se sentía como un cuchillo haciendo pequeños cortes en su piel, pensaba ella. Pues, para la completa frustración de la muchacha, ahora él dormía bajo llave en su cuarto, lo que desde luego limitaba mucho las posibilidades de que se produjera algo entre ambos. La ausencia de Cam, contrario a lo que le pareció en un principio, solo había llevado las cosas al límite y ahora todo era tenso como una cuerda de violín, tirante, a punto de romperse. Y no del modo en que ella había deseado tanto. Especialmente desde lo del dormitorio que él se había alejado así de ella al punto de decirle lo justo y necesario, extrañaba la cercanía de él con todo su ser y se había transformado más que en un desafío, en una necesidad pues hasta sentía una especie de dolor y vacío producto de su cruel rechazo. Ella sabía que aunque jamás lo admitiría en el fondo él la deseaba, así que solo debía encontrar la forma de empujarlo a admitir sus verdaderos sentimientos por ella, era eso o aceptar el terrible destino que la esperaba, que equivalía a estar muerta. O quizá peor, y honestamente no tenía ganas de averiguarlo. Ok, él se contenía. Pero no era de piedra, pensó Rubí. Así que reflexionando mucho, se le ocurrió una idea. Ese día, la señora Harris había ido a visitar a su hermana y él también había salido, lo que fue ideal para su plan, ya que ninguno de los dos se encontraba en la casa. Sabía que la ama de llaves no volvería hasta el otro día, pero él sí lo haría así que agudizó al máximo sus sentidos para calcular aproximadamente cuándo sería eso. Así que cuando más tarde Sergei llegó, no podía acreditar la imagen que encontró en el medio del salón comedor tan fino de su casa, sobre la mesa para ser más exactos. Primero su sangre se calentó de furia pero después su v***a se puso tan dura que le empezó inclusive a doler. Rubí, estaba sobre la mesa del comedor desnuda boca arriba y dos muchachos la acompañaban. Toda clase de sonidos salían de esa habitación. Murmullos y gemidos. Uno de ellos de cabello castaño estaba muy entretenido, pues había enterrado su cabeza entre sus piernas y por el sonido que hacía claramente estaba succionando su blanca y venosa, y para nada femenina, v***a. Mientras el del cabello rubio mordisqueaba sus tetas, y estaba inclinado, pues tenía la v***a enterrada hasta las pelotas en la boca de la muchacha que a su vez se la mamaba. Rubí estaba tan excitada, pero lo que más le excitaba era que él la viera de esa forma. Mientras el muchacho de cabello oscuro estaba jugueteando con su clítoris mientras la penetraba con sus dedos sin dejar mamarle la v***a, el otro al que ella devoraba con su boca le estaba dando unos masajes en sus pechos, hasta que agachó su cabeza y comenzó a lamer y succionar sus pezones de una forma que le resultaba muy placentera. Ese, el rubio, había jugueteado antes con su v***a en su cara frotando el m*****o erecto por sus mejillas hasta que ella lo tomó con las manos y con su boca, él entonces afirmó sus manos a los costados de su cabeza y se empezó a coger su boca de una manera muy erótica. Cuando había escuchado llegar a Sergei, aumentó el tenor de los sonidos -adrede- para que los encontrara rápido y efectivamente así había sido pues no había demorado en hallarlos. Al principio Sergei se quedó de pie, impávido como una estatua, pero luego no pudo evitar comenzar a frotar el bulto que se había formado dentro de sus pantalones, sus ojos claros se habían puesto oscuros por la pasión que había despertado en él ese cuadro tan claramente s****l al punto de la pornografía. Ella solo había puesto una regla y esta era que ellos no podían cogérsela por ninguno de sus agujeros. Ella no era virgen, había perdido su himen hacia bastante tiempo aunque luego de eso no había vuelto a estar así con alguien y tampoco le había entregado a nadie su pequeño tesoro trasero y su sueño era que Sergei fuera su primero. Sin embargo a ellos no les importó, ya habían participado de otras fiestas sexuales con Sergei y conocían sus reglas, de hecho ella los eligió especialmente pues sabía que eran su tipo por mucho que le pesara, ellos eran sus anzuelos al menos hasta que pudiera sacar a cualquier tercero o tercera del medio. Se turnaron con su boca, y cuando llegó ÉL, ya habían cambiado de posiciones un par de veces. De hecho en un momento la pusieron en cuatro, y le lamieron el culo, la penetraron con los dedos, acabaron en sus labios y en su rostro así que el aroma perfumaba ese lugar. Todo era parte de su mismo juego. En un momento por el rabillo del ojo lo observó, y sus miradas se cruzaron. Ella lo conocía, lo conocía tanto. Él estaba furioso con ella, pero la calentura le había ganado, así que había sacado su v***a y abiertamente se estaba masturbando. Con determinación y desafío se acercó, y tomó por la cintura al muchacho que estaba lamiendo el m*****o de Rubí. Escupió en su culo mientras este gemía y de una sola embestida lo penetró. Comenzó a cogérselo con furia sin dejar de mirar lo que pasaba con Rubí ni por un instante. En un momento, el chico que se estaba cogiendo mientras este se la chupaba a Rubí, tembló y eso sumado a un sonido que hizo ella le dio la pauta de que ella había acabado en la boca del muchacho de cabello castaño. Así que Sergei se reclinó hacia delante y mientras se lo seguía cogiendo vio la v***a de Rubí aún con leche y por debajo, asomándose, sus carnosos labios vaginales que no pudo evitar mirar. El muchacho que se estaba cogiendo, se comenzó a masturbar mientras le seguía dando y en determinado momento se incorporó un poco y largo dos abundantes chorros de leche en el vientre de ella mientras el otro, rubio, gruñía de satisfacción y llenaba el rostro y la boca de la muchacha de su propia leche. Fue en ese momento que Sergei acabó con fuerza, pero mientras temblaba, no dejaba de pensar en ese extraño sentimiento de celos que se apoderó de él cuando los otros dos llenaron el andrógino cuerpo con su leche.
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