Capítulo 3. Un final inesperado

956 Palabras
Rubí había terminado de dar el show, había recogido sus plumas y entró en la casa cuando unos gemidos que venían del pasillo pusieron sus pelos de punta, más cuando escuchó la voz de él colmada de satisfacción y placer. Agarrándose de las paredes temblorosa llegó a la puerta de la oficina de la cual salían los gemidos y se quedó helada con el cuadro que allí pudo observar, aunque no era la primera vez que lo veía con alguien más por alguna razón en esa ocasión sintió su sangre hervir como lava. Estaba él con un muchacho muy atractivo y musculoso que ella nunca antes había visto, pero por su olor dedujo inmediatamente que era humano. El joven estaba completamente desnudo sobre el escritorio dando su espalda, mientras Sergei se lo cogía desde atrás penetrando su culo con sonidos de satisfacción y gruñidos que salían de su garganta, al menos hasta que la vio parada impávida allí. Por dentro, aunque él había estado tratando de evitar eso, pensó que era lo mejor, así se sacaba esas ideas locas de la cabeza, más acentuadas desde que habían quedado solos en la casa. Pero claro, lo que menos imaginó es que las cosas no iban a salir exactamente como él esperaba. — ¿Te gusta putito? — escuchó Rubí que le decía Sergei al chico y golpeaba su culo, hasta que finalmente sus miradas se cruzaron y ella tragó saliva antes de acercarse con paso firme hasta donde ellos estaban. Dejando caer lo que traía en el proceso hasta quedar solo con la parte de abajo y el pecho desnudo. — Oh sí sí…Me gusta…— siseó el muchachito. — Que adorable que hayas pensado en mí, hacía mucho que no comía a uno calentito — dijo ella antes de quitarse las bragas y quedar completamente desnuda mientras él se quedaba mirándola congelado. El muchacho pareció no entender de lo que ella hablaba, pero cuando vio su gran pene venoso y erecto gimió de placer, así que cuando se acercó, sin que le dijera nada, lo tomó entre sus manos y empezó a mamar desesperado mientras Sergei la miraba desde el otro lado del escritorio indignado. ¿PERO QUÉ CARAJOS? Pensó internamente mientras ella agarraba la cabeza del muchacho y no dejaba de mirarlo mientras crecían sus colmillos. Rubí se cogió con furia esa boca apetitosa sin dejar de mirar a Sergei con desafío, y cuando eyaculó se agachó y clavó sus colmillos en la parte media de la espalda del muchacho que gimió profundamente pues cuando ella clavaba sus dientes liberaba una sustancia que producía serotonina y hacía la experiencia muy placentera como un tipo especial de orgasmo. Sergei se apartó completamente indignado, y sin haber terminado. — ERES GRRRR — siseó cerrando sus puños y se alejó de allí con la v***a parada, la muy maldita se lo había arruinado y lo peor era que seguía con la v***a dura a un punto doloroso mientras ella sí había terminado. Quería realmente estrangular a la muchacha. —¿Qué ocurre? ¿Qué tiene de malo? — le preguntó ella sonriendo mientras se limpiaba la sangre con el dorso de su mano y el muchacho aún gemía completamente desorientado —. No me digas que arruiné tu momento mmmm… que pena — dijo ella evidentemente sin un ápice de verdadera pena. Y haciendo un mohín con los labios. Él se había alejado, así que ella se acercó hacia donde estaba él, exhibiéndose. La v***a le llegaba a la mitad de la pierna y él se mordió los labios. Era tan injusto que ella tuviera esa deliciosa y enorme v***a, pensó para sus adentros sin poder evitarlo. Ella leyó su mente de inmediato y esbozó una sonrisa satisfecha lo que hizo que él se pusiera rojo de enojo al darse cuenta. — Deberías dejarme que te ayude con eso — dijo susurrando en su oído al ver el evidente estado de excitación de él, aprovechando para rozar su cuerpo desnudo con el de él. . — No quiero, GRACIAS...— respondió él. — Vamos, si yo sé perfectamente lo que quieres...— dijo ella pues no era la primera vez que irrumpía en una actividad s****l de él, aunque él jamás la había penetrado… en ocasiones bueno, permitía ciertas cosas que evidentemente nunca debió permitir de entrada, pero ya era demasiado tarde. Rubí sin dejar de susurrarle cosas perversas en el oído bajó su mano entre sus piernas, lo miró y con expertise agarró con su mano su v***a erecta. Luego, se arrodilló y comenzó a mamármela como solo ella podía, jugueteando con su pene como la experta que era, pasando su lengua de un lugar a otro mientras con sus manos jugaba con sus pelotas. — TE ODIO — siseó él, pero ella solo sonrió y le habló telepáticamente. “MENTIROSO, SABES QUE TE ENCANTA, SI SOLO TE METIERAS EN MI CUERPO Y ME COGIERAS COMO TE RESISTES A HACERLO, SABRÍAS LO QUE ES EL VERDADERO GOZO”, le dijo y él gruñó y tiró de su cabello más fuerte, mientras ella pasaba sus dientes de manera sutil y succionaba su m*****o con fuerza por dentro de su boca. Luego se sacó el pene de la boca y empezó a masturbarlo mientras lamía sus pelotas y daba pequeños golpecitos con su glande sobre su cara hasta que la leche brotó a borbotones entonces ella, se metió toda la v***a entera de Sergei que era como de treinta centímetros por su garganta y mientras él temblaba clavó sus dientes alrededor de esta, produciendo de ese modo un poderoso orgasmo que hizo que el ruso apenas pudiera mantenerse en pie mientras temblaba sin poder controlarse entre sus espasmos.
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