Capítulo 3

1050 Palabras
Me encontraba acostado con mi pequeña dormida en mi pecho. Se ve tan hermosa y tierna cuando duerme. No puedo dejar de mirarla y sentirme feliz de por fin haberla encontrado después de tanto tiempo buscándola. Me quedo un rato más así ya que no quiero bajar y encontrarme a mi padre para que empiece a decirme que debo buscar a alguien más que sea mi luna. Siento como Nati se remueve haciendo que salga de mis pensamientos, veo como poco a poco mi pequeña abre sus ojitos dejando ver su hermoso color azul, jamás me cansaré de verlos. —Hola bebé —sonrío y acaricio su mejilla. Ella solo me mira con sus grandes ojos azules, me quedo viendo fijamente sus ojos perdiéndome en ellos cuando siento sus manitas tocar mi rostro. Me pongo a jugar con ella un rato hasta que escucho que tocan la puerta. —¿Quién? —pregunto desde la cama. —Soy yo, tu querida hermanita —grita. Dejo a Nati con cuidado en la cama y me levanto a abrir la puerta. —¿Qué quieres? —pregunto abriendo la puerta. —Quiero hablar contigo —me dice seria. —Ahorita no Jessica —intento cerrar la puerta. —Es muy importante, es sobre papá, baja para que hablemos —me dice casi en un susurro. —Ok, espérame ahorita bajo —ella asiente para después marcharse, cierro la puerta y me acerco a la cama. Tomo a Nati en brazos para salir de mi habitación y voy a la de mi madre, pero al llegar veo que no está así que bajo con ella. Cuando estoy bajando los últimos escalones me encuentro a Elías quien al instante fija su mirada en la pequeña que traigo en brazos. —Es raro verte con un bebé en brazos, no me acostumbro —me mira—, si quieres me das a Nat mientras hablas con Jessica y mamá —no tan convencido se la doy, admito que me da un poco de celos, no me gusta que alguien más la cargue—. Ven princesa —le dice dejando un beso en la mejilla de mi mate lo cual hace que me enfurezca. —¡Hey!, ella es MÍA así que deja de decirle esas cosas y mucho menos la vuelvas a besar —le digo molesto por lo que a dicho. —Déjame salir que lo mato. —¡No!, es nuestro hermano a pesar de ser idiota. Intento tranquilizar a mi lobo aunque estoy igual que el de molesto. —Tranquilo bro, no le haré nada a esta preciosura —sonríe viendo a mi pequeña. —No le vuelvas a decir así ya te lo dije —lo señalo con el dedo índice fulminándolo con la mirada. —Mejor me voy, ve y habla con ellas antes que te vengan a buscar —sube las escaleras para ir a su habitación. La verdad es que no me gusta para nada la idea de que Elías esté con mi mate, ella es sólo mía, MÍA. Estaba tan metido en mis pensamientos que no escuchaba lo que hablaba mi hermana hasta que la voz de mi madre me saca de mi trance. —¿Hijo, estás bien?, te noto distraído —se sienta a mi lado. —Estoy bien mamá, no es nada —le sonrío. —No escuchaste lo que dije, ¿verdad? —habla Jessica colocando sus manos a cada lado de su cintura mirándome seria. —Perdón, ¿que decías? —pregunto esta ves prestando atención a lo que diga. Veo que suspira para después sentarse a mi lado quedando yo en medio de las dos. —Es sobre papá —baja la cabeza mirando sus manos. —¿Que pasa con el? —pregunto preocupado e intrigado por saber que pasa. —Jessica, mejor se lo digo yo —le dice mi madre triste y dándole una media sonrisa. —Díganme de una buena ves que mierda pasa —exigí ya molesto por tanto misterio. —Hijo, lo que pasa es que tu padre me engaño y me acabo de enterar —sus ojos se cristalizan. —¿Que? —estoy en shock. —Si hijo, me acabo de enterar y el muy descarado ni siquiera me lo negó —una lágrima cae por su mejilla. La abrazo fuerte, no puedo creer que mi padre hiciera eso, jamás lo creí capaz de hacer algo así. —¿Cómo te sientes madre? —pregunto separándome de ella para mirar su rostro. —Es muy duro saber que el amor de tu vida te haya engañado después de tantos años juntos. Pero he decidido que no lo perdonaré —se seca las lágrimas. Después de hablar con mi madre y Jessica nos fuimos a nuestras respectivas habitaciones, antes de ir a la mia me dirijo primero a la de mi hermano. Toco la puerta y espero a que me abra, pero no lo hace así que vuelvo a tocar. —¿Que quieres por que tocas así? —me dice adormilado. —Vengo por Nati —le digo serio al ver a Elías sin camiseta y en bóxer. —Deberías dejarla dormir —dice abriendo más la puerta dejando ver a mi pequeña en la cama profundamente dormida. Entro y me acerco a la cama donde se encuentra Nati. —Se ve tan hermosa. —Tienes razón. —Mi lobita. La tomo en brazos con cuidado de no despertarla. —Idiota la vas a despertar —me dice por lo bajo acercándose a mi. —Cállate que el que la va a despertar vas hacer tu idiota —salgo de la habitación, entro en la mía y me acuesto en la cama poniéndola en mi pecho. Me gusta sentir su olor a rosas silvestres que me envuelve y sentir su calor. —Te quiero mi pequeña —dejo un beso en su cabecita y la abrazo. Se siente tan bien tenerla en mis brazos, saber que es sólo mía. No importa que sea una bebé, la esperaré hasta que crezca y obtenga su transformación. Hasta entonces cuidaré de ella y nadie de la manada puede saber que ya he encontrado a mi mate, lo sabrán hasta que la reclame como mi luna.
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