XXVIII En cuanto llegó a la cárcel de la Dozza, Massimo Luca Tommasi fue registrado y, después de seguir el procedimiento clásico que sufría cada recién llegado, fue acompañado a una celda donde se alojaban otros dos detenidos. Después de la charla que había tenido con el inspector Zamagni, Rugantini fue interpelado acerca del comportamiento que el nuevo detenido podría tener en la cárcel y el psicólogo no dudó en dar su propia opinión al respecto. Por lo poco que había conseguido comprender por el informe del inspector, el hombre resultaría probablemente inocuo porque, en el fondo, pensándolo bien, el hombre había alcanzado su objetivo y, era también probable, conociendo su condición de persona sola y sin ninguna cuenta pendiente con nadie, aparte del mismo inspector Zamagni con el que

