X El inspector Zamagni se percató de que aquella noche, o mejor dicho, a última hora de la tarde, debería estar localizable en su apartamento para recibir una entrega de un repartidor. Durante los dos días de espera, de vez en cuando había continuado a pensar en qué podía ser aquel objeto que le traería el repartidor, pero no se le ocurría nada ni siquiera esforzándose un poco. Cuando llegó a casa de la comisaría, Stefano Zamagni miró el reloj. Indicaba las 18 en punto, así que se había adelantado un cuarto de hora con respecto al horario de entrega previsto por el aviso que le habían dejado. Subió a su apartamento y esperó. A las 18:12 sonó el timbre. Cuando levantó el auricular del portero automático y preguntó quién era, una voz le respondió simplemente: Repartidor. Después de u

