XVIII Por propia voluntad un hombre con una edad comprendida entre los cincuenta y los sesenta años decidió hablar con los agentes de una patrulla de policía. Desde hacía un par de días los veía constantemente apostados en una calle y sentía curiosidad por saber el motivo de su presencia en aquella calle. El hombre empezó una conversación explicando que la presencia fija de la policía en una calle residencial como aquella le preocupaba justo porque, considerando el número de años transcurridos desde que se había mudado allí junto con su esposa, personalmente no había visto jamás nada que pudiese romper la tranquilidad que había existido siempre en aquella zona. El hombre explicó también a los agentes de la patrulla que, al estar jubilado, habitualmente transcurría una buena parte de la

