Abro los ojos y los vuelvo a cerrar. Mi cabeza palpita y el dolor insoportable no me deja abrir los ojos en su totalidad. Siento el vehículo moverse, pero aún así me siento un poco desorientado y no abro mis ojos. La voz de alguien me hace abrir mis ojos y me doy cuenta de que llevo el cinturón de seguridad y estoy de copiloto con Samgo conduciendo. Ella parece concentrada en la acción, pero sus ojos están un poco rojos. Frunzo el ceño y me incorporo. Mi cabeza duele como el demonio y aún no entiendo qué diablos hago con Sango. —Depertaste—murmura girando en una calle. Llevo mis manos a mi cabeza porque esta palpita como nunca antes lo había hecho. Cierro los ojos y los abro de golpe. —Detén este auto Sango—ella me ignora y continúa conduciendo como si lo que digo le valiera mierda—¡Deté

