— Yo...no sé qué decir — confesó Giuliana mirando todo estupefacta. Se dejó conducir de la mano a la mesa donde gentilmente Maximo la ayudó a sentarse. Él se sentó frente a ella y sonrió con picardía. — Te dejé sin palabras...— dijo satisfecho. — Nunca imaginé que un neandertal pervertido como tú fuera capaz de hacer algo tan tannn...— romántico era la palabra que se le venía a la cabeza. — ¿Romántico? — preguntó él sonriendo mientras le servía vino en una copa. A pesar de estar muy cerca del mar corría muy poca brisa esa noche, la luna brillaba llena reflectando en el mar generando un efecto hermoso. — Si he de serte sincero, tú tampoco eras como esperaba Francesca...— le dijo él sincero y la observó. Giuliana se sintió incómoda. Pensó que quizá era hora de confesar la verdad pero

