CAPÍTULO VI-1

2072 Palabras

CAPÍTULO VI Su vuelta a París no le causó ningún placer; era una tarde, a fines del mes de agosto; el bulevar parecía desierto, los transeúntes pasaban con aspecto ceñudo; acá y allá humeaba una caldera de asfalto, muchas casas tenían las persianas completamente cerradas. Llegó a su casa: el empapelado de las paredes estaba cubierto de polvo; y, cenando completamente solo, Frédéric experimentó un extraño sentimiento de abandono; entonces pensó en la señorita Roque. La idea de casarse ya no le parecía descabellada. Viajarían, irían a Italia, a Oriente. Y él la veía de pie sobre un montículo contemplando un paisaje, o bien apoyada en su brazo en una galería florentina, parándose ante los cuadros. ¡Qué gozo sería ver a esta buena criaturita abrirse a los esplendores del Arte y de la Natural

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