CAPÍTULO VI ¡Arruinado, despojado, perdido! Se había quedado en el banco como atolondrado por una conmoción. Maldecía su suerte, habría querido pegar a alguien; y, para colmo de su desesperación, sentía pesar sobre él una especie de ultraje, un deshonor; pues Frédéric había imaginado que su herencia paterna alcanzaría un día quince mil libras de renta y se lo había dicho de una manera indirecta a los Arnoux. Iba, pues, a pasar por un fanfarrón y un bromista, ¡un oscuro picaro que se les había metido en casa esperando algún provecho! Y ella, Mme. Arnoux, ¿cómo volver a verla ahora? Por otra parte, esto era completamente imposible, no teniendo más que tres mil francos de renta. No podía seguir viviendo en un cuarto piso, tener por criado al portero y presentarse con pobres guantes negros

