Al día siguiente me presenté a trabajar. En ese tiempo la cadena de tiendas se modernizó, y como era un negocio demasiado lucrativo, cada tanto le cambiaban la apariencia, y eso me encantaba. Cuando estabas ahí, no te podías aburrir. Me enamoraba de cada osito de peluche que teníamos en los vitrales. Mi trabajo ya no era atender directamente a los clientes, y aún así hablaba con mucha gente al día. No tenía tiempo para nada. Cuando cumplí el primer mes y recibí alegremente mi sueldo, Miriam me pagó el mes que no había cobrado aquella vez. Estaba contenta, compré todo lo que hacía falta en casa. Salía cada tanto con Beto y cada que nos veíamos hacíamos el amor. Una de esas veces, nos calentamos tanto, en una plaza apartada de la ciudad, y como no podíamos controlarnos, hicimos el amor d

