Alguien toca a la puerta en ese momento, me acomodo en mi asiento y por fin puedo darme un respiro de toda la locura que estaba siendo mi día. —Pase – digo, Sara aparece en la puerta con esa sonrisa tímida, sonrío de vuelta. —Señorita Wendt, aquí está el té que me pido – dice entrando por completo a la oficina, tomo el plato y la taza y los dejo sobre el escritorio. —Te lo agradezco Sara, ¿hay algo para mí? – pregunto esperando que diga claramente que no y que dentro de una hora pueda irme a casa sin pensar en el trabajo. —No hasta el momento señorita Wendt, pero hay un chico que desea verla – dice encogiéndose de hombros. —¿Quién es? – pregunto dándole un sorbo a mi té de mandarina, eso al menos hace que valga todo el trabajo que he tenido hoy. —Un chico llamado Gale – sonrío y

