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1354 Palabras

No me Siento Fuerte Alexander llegó a Londres exhausto, no solo por las largas horas de vuelo y reuniones, sino también por el constante malestar que lo acompañó durante todo el viaje. Lo había intentado: comer un poco, beber algo, pero su estómago simplemente no lo permitía. Cada vez que probaba un bocado, sentía como si el mundo se desmoronara a su alrededor. El bebé. Ese pequeño ser que aún no había nacido, pero ya estaba dominando su cuerpo de una manera implacable. Malditas náuseas, pensó, frustrado. Al bajar del avión, intentó mantener una postura digna, como siempre, con su aire arrogante y su paso firme. Pero el malestar no dejaba de atacarlo, haciéndolo sentir más vulnerable de lo que estaba dispuesto a admitir. El alcohol, su fiel compañero durante tantos años en los viajes, a

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