Llego la fecha de la última evaluación médica y Dilcia uso uno de sus días libres para llevar al sargento a la clínica.
—Bueno Davis veo que el doctor Andrew ya te está dando de alta. Asi que para suerte de nosotros ya no te volveremos a ver aquí.
—Muy graciosa Hong.
—Asi que usara la silla un par de días más y después hará su terapia en casa.
—¿Necesitare la ayuda de Dilcia verdad?
—No creo. Los resultados se ven bien y las placas demuestran que las heridas en el cráneo están completamente sanadas. A Davis no le agrado esa respuesta porque se estaba sintiendo realmente bien con las atenciones de su mujer.
—¿Qué paso con Candy? ¿Ya le diste salida a esa maldita perra?
—Si y gracias a las decisiones de los altos mandos, ella estará lejos de tu alcance.
—¿De qué demonios hablas? Si ella casi me mata… ¡Yo soy la victima!
—Ella solo se defendió de su verdugo… asi que ella quedo absuelta.
—¡Esa zorra de mierda me las pagara!
—Yo que usted sargento no expresara amenazas asi a la ligera. Le recomiendo que sea prudente en su manera de hablar.
—¡Yo hablo como quiero Hong! Asi que no vas a venir tú, a ponerme limitaciones.
—¡Yo no! Pero hoy recibirá la visita de los jefes.
—¡Que bien! Porque ya era hora.
—Adiós ingeniera Dilcia y admiro su paciencia para lidiar con este rufián.
—Si. Si ya sácame de aquí Dilcia ¿Qué esperas?
—Gracias doctora Hong, ellas se despidieron con abrazo y Dilcia se llevó a Davis de regreso a la habitación. El ya venía sin la venda en la cabeza y se miraba bastante mejorado. Pero fingía malestar para que Dilcia lo siguiera atendiendo…
—Siento un poco de nausea. ¿Podrás hacerme la limonada?
—Si sargento al llegar a la habitación se la voy a preparar.
—Tambien me gustaría aquel postre de flan con tutifruti que preparas…
—No sabía que le gustara mi postre.
—No, pero siento el antojo, ademas tengo reflujo y quiero quitarme el mal sabor en la boca.
—Debe ser por la gran cantidad de medicinas que tomo todo este tiempo.
Cuando entraron a la habitación, Dilcia lo coloco frente a la mesa y el extendió la laptop para poder responder los correos del día. Mientras ella preparaba su pedido. Davis fingía trabajar porque el, solo quería seguirle viendo el trasero y la figuración de los pezones a través de ese vestido blanco tan fresco y llamativo. Minutos después estaban tocando la puerta.
—¡Toc, toc, toc…
—Voy… respondía Dilcia mientras caminaba para abrir la puerta.
—Hooo Coronel… Hola Mayor, ya están aquí.
—Si Lee que gusto saludarla.
—Saludos ingeniera Dilcia.
—Pasen adelante por favor. El sargento está aquí en la mesa del comedor.
Davis notablemente nervioso lograba ponerse de pie con esfuerzo y hacia el saludo militar para ambos.
—Coronel… Mayor…
—Descanse sargento.
—Gracias señor. Los hombres casi de inmediato comenzaron a explicarle la razón de su visita.
—Bueno Davis como ya hemos sido informados que te han dado de alta, venimos a informarte que tu arresto domiciliario ha llegado a su fin.
—¿Mi arresto? ¿De qué se me acusa si se puede saber?
—Mayor por favor lea el veredicto.
—Si señor.
1/- Obtención y distribución de sustancias indebidas.
2/- Trata de personas para prostitución.
3/- Abuso, agresiones y violaciones en masa.
Al sargento Davis se le desfiguraba la cara y sus ojos amenazaban por salirse de las cuencas de sus parpados al escuchar todos los cargos que tenía encima.
—¿Todo esto es por esa zorra? Coronel ese tipo de mujeres son para eso, todos las usamos para satisfacernos… hasta usted Coronel… no puede permitir que me acusen.
—Abusaste de tu poder Davis. Obtuviste él Te maravilla de manera indebida y lo usaste a tu conveniencia para pervertir.
—Pero ella no es menor de edad. Es más, Candy siempre actuaba como una completa prostituta.
—No Davis solo estaba drogada. Tú la drogabas para poder prostituirla. Es por eso por lo que te ataco…
—¿Eso fue lo que dijo? ¡Es una zorra!! Bien que gozaba conmigo y con los muchachos…
—Ni tu ni ellos podrán acercarse a ella nunca más asi que todos los oficiales han sido degradados de rango y ahora cuidan la entrada en las barracas.
—¡Pero a mí no me pueden hacer eso Coronel! Yo he dado mi vida por la colonia… tengo muchos méritos desde sus inicios cuando el General Joe Smith comenzó todo…
—Fue gracias a esos méritos es que no decidimos degradarte el rango Davis.
—Necesito hablar con el General Joe Smith por favor.
—Mi hermano está muy decepcionado y él ya nos ayudó a tomar una decisión.
—¿Qué han decidido? Preguntaba Davis mientras agachaba la cabeza. Se sentia avergonzado, pero era por su orgullo que se impedía dar la cara.
—Decidimos castigarte con tres meses de reclusión. Sera en el cuarto oscuro por lo que comenzaras en tres días cuando termines la última terapia que te hará tu esposa.
—Disculpe señor, pero ella no es mi espo…
—¡Podrías callarte Davis! ¡Porque no estas en condición de decir nada más! Después de que termines la reclusión decidimos darte sesenta horas de trabajo comunitario, ademas de tu eliminación del programa placentero.
—Si señor. Respondía Davis mientras arrugaba su boca.
—Ingeniera Lee quiero agradecerle todas las atenciones para este patán y ruego que algún día pueda perdonar todas sus estupideces.
—Gracias Coronel Josh, solo cumplo las órdenes del Mayor y las suyas.
—Sin más que informarles, nos retiramos. Todos se hicieron el saludo militar y un soldado abrió la puerta para que los altos mandos pudieran salir.
Davis pensó que Dilcia se burlaría de él o que al menos le daría palabras de aliento, pero ella solo actúo con indiferencia y siguió haciendo el postre. No paso mucho tiempo cuando ella estaba metiendo el flan en la refri.
—Aquí está la limonada sargento y aquí tiene la píldora para el dolor. Davis saboreo la refrescante limonada y se tomó la pastilla por sí solo. Ya estaba más independiente asi que se levantó de la silla sin decir una palabra y se sentó lentamente en el sofá. Seguía observando a su mujer quien vestía un vestido hippie y un delantal de cocina con flores rojas. Se miraba hermosa y Davis solo miraba el contorno de su figura mientras se acomodaba la polla que por obvias razones ya le estaba goteado.
—¡Dilcia ven aquí!
—Pero sargento voy a verter el tutifruti en el flan.
—¡Te dije que vengas! Cuando ella se acercó el solo pudo agarrarla del trasero mientras hundía su cabeza en su entrepiernas. No sabía como decirle que le excitaba verla y ella solo lo miraba sorprendida…
—Lo siento sargento espero que esos días de reclusión lo hagan recapacitar sobre sus acciones.
—Sabes que Lee. Quiero me la chupes mientras te amaso esas enormes tetas, deseo que te la tragues entera y que me des placer antes de que me lleven… Dilcia lo miro muy apesarada porque a pesar de todo ella lo amaba.
—Está bien solo separe sus piernas. Ella se ponía de rodillas frente a él para sacarle la polla y comenzar a darle un profundo placer oral. Davis jadeaba y sentia que toda a sangre de su cuerpo bombeaba a mil por hora. Le apretaba los senos y no podía negar lo mucho que la deseaba…
—Hooo haaaag Haaaa mmm sí que lo haces delicioso haaaag mmm Ouuu Siiii haaaag… Ella rodeaba su glande con los labios y el solo la observaba completamente excitado.
—¡Quiero que te sientes aquí y me vacíes completamente los chimbos! Exclamaba Davis mientras la levantaba y le bajaba el delicado panty de encaje.
—Pero yo no estoy usando ningún met…
—¡Te dije que te sientes aquí! ¡Es una orden Lee!! Ella fue jalada y ubicada en posición. El la tomo de las caderas para comenzar a moverla, pero ella tambien lo deseaba y no podía creer que volvería a ser penetrada por el sargento Davis. Ella movía su pelvis con potencia y ambos gemían de placer. Llegaron al clímax en varias ocasiones y al día siguiente amanecieron abrazados en la cama.
En la mañana ella tenía que levantarse a las seis de la mañana para ordeñarse, pero Davis se lo impidió. El comenzó a chuparle los pezones y no le importaba tragar un poco de leche mientras pudiera amasar los hermosos senos que ni le cabían en la boca.
—Realmente quedaste riquísima. Después de decir eso, él se colocó sobre ella y como ya estaban desnudos, Davis solo la penetro apasionadamente, le chupaba el cuello y la besaba hasta dejarla sin aliento. Realmente este hombre no la quería soltar nunca, pero ella giraba su rostro para poder tomar un poco de aire.
—Siéntete importante Dilcia porque tú eres la única mujer que puede disfrutar de mis besos.