POV Mariana
Mi plan debía comenzar aquí y ahora…
Me di cuenta de que había mucho tráfico, y que el chofer esperaba, lo que indicaba que iban a salir. Llamé al jefe para poner todo en marcha.
—¿Sí? —Contestó el del otro lado de la línea.
—Comienza el plan —Con decir eso salí del auto, dejé allí mi celular, todos mis documentos, salí sin nada que me pueda comprometer y desde ese momento dejé de ser Mariana para convertirme en la mayor perdición de Ian Farah, y todo el imperio que ellos tenían.
Corrí a tras de ellos, percatándome que no se fueran a fijar que estaba allí. Por el tráfico no era posible dejarme atrás, hasta que vi mi oportunidad, el chofer quería esquivar unos cuantos autos más, y aceleró un poco más, yo rezándole a la suerte y optando para ver mis clases de actuación, me tiré sobre el auto.
Esperé unos segundo a que él frenara para caer en el piso, no fuera a ser que me pasara por encima. Porque solamente a mí se me pueden ocurrir planes como estos.
Sin embargo; todo fue efectivo, había funcionado. Estaba tirada allí como una mujer recién atropellada. Sí, me di unos cuantos golpecitos, pero nada del otro mundo. Cuando los vi salir del auto, me agaché a tomarme de la cabeza, haciendo expresión de dolor, aunque en realidad lo que me dolía era el brazo, parecía que no había caído muy bien.
Él corrió a mí, me observo a ver mis lesiones, y luego me agarró entre sus brazos, me subió al auto, y esa vez creo que voló por encima a los autos. Me llevó justamente al hospital más cercano, en donde comenzaría mi plan, y toda la compañía debía estar atenta a eso. Me subieron en una camilla, ya que él venía gritando que era urgente. Los chicos me llevaron a una habitación de emergencias y lo dejaron allí, pidiéndole que no se fuera, que debía dar declaración a la familia, eso me daría tiempo a que los “enfermeros” y “doctores” le dijeran cómo estaba.
Cuando llegué a la habitación, allí estaba mi jefe, con una sonrisa de oreja a oreja, había logrado una parte de mi objetivo. Traer a Ian Farah a mí.
—Wow, te felicito Mariana, porque lo logres o no, eso fue una gran actuación —Mi jefe me halagaba mientras que yo me cambiaba como si fuera una enferma más —. Que te revisen eso —dijo cuándo me vio un pequeño rasguño que me hice en el brazo, el cual sangraba un poco.
—Estoy bien, eso no es nada. Solo necesito seguir el plan —Mi jefe se levantó dispuesto a retirarse, no podía arriesgarse a que nadie lo viera.
—Buena suerte. Aitana Álvarez —Me llamó por el nuevo nombre que debía utilizar para esto, y salió de allí dándome una sonrisa.
Los demás debían encargarse de decirle a Ian que no sabían mucho de mí, que había perdido la memoria temporalmente, y que él era al único que podían contactar en ese momento. Luego de eso, me dijeron que él dijo que se haría cargo de todos los gastos, y que iría a visitarme, debía preparar mi mejor actuación, porque de eso dependía todo, si no lograba entrar a la vida de él. Me sacarían del caso, o peor aún, él sería capaz de matarme.
La única carta que me quedaba más segura, era la de seducción, porque yerba buena, no soy, así que me coloqué la bata dejando mis encantos un poco a la vista. Y para ser sincera, amaba ser sexy. Era mi mejor carta y la debía usar.
Ian entró a verme, con su chófer o guardaespaldas, no lo sabía bien. Porte firme, traje elegante, un reloj que estoy segura de que costaba más de 5 mil dólares, un hombre como los de las películas, ¿Quién diría que sería un mafioso?
—¿Cómo está? —Preguntó fríamente con una expresión que nadie podía descifrar.
—¿Quiénes son ustedes? —Pregunté tontamente, tratando de ser lo más convincente posible.
—¿Sabes que te pasó? —Me hice la que estaba recordando cosas.
—Aparte de que me chocaron, nada —Sus caras eran épicas, más la del chofer, él era tan inhumano.
—¿Cuánto quieres para reponer los daños? —Su voz tan varonil, y a la misma vez tan prepotente.
—Me duele la cabeza —Me toqué la cabeza tratando de desviar la atención de su pregunta.
—¿Cómo te llamas? —Indagó acercándose a mí.
—No lo sé, no logro recordarlo —Un poco más de actuación y listo.
—¿Tienes familia? —En ese momento Víctor entra por la puerta, mi supuesto doctor.
—Ella perdió la memoria, y son repuestas que no podrá darle, ni a usted, ni a mí—dijo él hay instante acercarse a mí con una ficha, tomando nota de mis supuestos daños.