Estoy agotado, pero conseguí que se fuera al siguiente día muy temprano por la mañana cuando más cansado me sentía, supongo que se dio cuenta de mis intenciones, por ello se fue luego de depositar un beso en mi frente asegurándome que nos veríamos en tres días.
Supongo que ambos nos quedamos satisfechos por la intensa ronda de placeres que tuvimos ayer, además ha dejado mi cuerpo lleno de marcas de besos y él se llevó unas cuentas, las cuales aprendí a crear luego de que él me dejara muchísimas.
No puedo evitar sonreír cuando pienso en él, cada vez me gusta más, no importa qué tan cansado me deje, siempre quedo con una sonrisa embobada en mis labios tras pensar en lo divertido que es pasar tiempo juntos.
Por supuesto que no podía quedarme en la cama, tenía que limpiar mi cuerpo apropiadamente antes de vestirme y cuando salí de la cabina, vi cómo había varios sujetos reparando el barco bajo órdenes del capitán. Era gente que no conocía, así que los mantenía en la mira mientras me coordinaba con el resto para limpiar el barco.
Quería hacer un trabajo extraordinario que lo hiciera sentir orgulloso, así que con ayuda de todos fui limpiando cada centímetro del barco sabiendo que no podríamos acabar el mismo día.
Las horas pasaban deprisa gracias a esto, sentía que no tendría tiempo para extrañarlo debido a lo ocupado que estábamos, además el capitán dio instrucciones de ampliar la cocina, por lo mismo, había un descontrol los primeros días.
El capitán contrató a muchos especialistas para las reparaciones del barco y modificaciones, de esta forma todo era más rápido, algo que nos permitió ver grandes cambios al segundo día.
La cocina era diferente, tenía más repisas en las paredes donde podré dejar diversas cosas que antiguamente debía buscar en el almacén, además de una estufa de hierro que parecía bastante costosa y pesada. Esta estaba ubicada alrededor de una nueva encimera de ladrillo con una cubierta de hierro bastante bonita, aunque nuevamente todo parecía demasiado costoso.
Las reparaciones también estaban listas, así que podíamos limpiar apropiadamente las diversas zonas donde los trabajadores dejaron rastros de madera tipo aserrín.
Claro que, como éramos pocos, quise hacer una tarta de manzana y de paso usaba el nuevo horno que tenía. En el pueblo sólo horneaba en un horno de ladrillo, así que esta vez no estaba seguro cómo sería el resultado, ya que era la primera vez que utilizaba esta clase de cocina.
Anteriormente cocinaba en una zona de ladrillo con unas rejillas de hierro bastante negras por el fuego y humo, pero esta vez todo era diferente. El olor que desprendía la tarta me hacía creer que todo iba bien, así que como también teníamos alcohol, a eso del anochecer nos reunimos todos y celebramos el haber terminado.
—¡Salud por esta delicia! —dijo Leo, levantando su trozo de tarta con entusiasmo.
—¡Salud! —dijeron todos, haciéndome reír.
—No debemos compartir, ¿verdad? —me preguntó Leo, temeroso por la idea de comerse solo un trozo.
—No, hice cuatro sólo para ustedes— les respondí.
—¡Viva Joshua! —gritó con emoción Julián.
—¡Viva! —dijeron todos con alegría.
Parecía que estaban bastante alcoholizados y aún era temprano, pero como no era un problema no les hacía tener un control, aunque a eso de las nueve aparecieron unas mujeres que se unían a la fiesta.
Sabía qué clase de mujeres eran, así que me mantenía bastante nervioso, nunca he lidiado con mujeres de compañía, aunque como aún sobraba dinero, conseguimos que alguien tocara música y entre alcohol fuimos dejándonos llevar.
—Ya no sé por qué quería ir con el resto— comentó Leo, rodeando su brazo alrededor de mi cuerpo— estar con ustedes es más divertido— añadió, alzando su copa de ron.
—Deberíamos hacer esto más seguido— decía otro, claramente borracho.
—Por cierto— habló una chica de apariencia coqueta con un cabello rubio brillante, además de un busto pronunciado que era revelado por su gran escote— ¿Dónde está el capitán? —preguntó.
—¿Tú eres...? —preguntó Leo entrecerrando sus ojos creyendo que con esto la vería mejor— ¡María!
—Lorena— corrigió.
—Es lo mismo— dijo Leo, haciendo una señal de cansancio con la mano— ahora que recuerdo, tú eras la moza del capitán— comentó, algo que llamó mi atención rápidamente— él no está aquí, aunque no creo que repita sus aventuras contigo, ya sabes cómo es—añadió mientras la chica parecía disgustada.
—¿Dónde está? ¿Está en el bar? —preguntó insistentemente.
—No lo sé, pero los gustos del capitán han cambiado, ahora tiene novia— le dijo mientras se ponía por detrás de mí y me tomaba de los hombros, casi señalándome— ahora las prefiere castañas con ojos color verde zafiro, así como él.
—¿Qué? —soltó la chica confundida.
—Ya sabes, con una cintura pequeña— continuaba diciendo Leo, rodeando mi cintura con sus manos— y un culo grande.
—Bien conozco los gustos del capitán, no te preocupes, en cuanto lo vea, te aseguro que regresará a mí— decía la chica con una sonrisa, antes de alejarse con tal de marcharse a buscarlo.
—Debiste decir que era tuyo— me dijo Leo, apretándome con fuerza entre sus brazos— yo quería ver el mundo arder...—añadió soltándome con tal de acercarse a las chicas.
Todos cambiaron su panorama de un momento a otro, así que decidí alejarme para dormir, podía oír sus risas y sus cantos de borrachos, pero no eran un problema para mí, más bien mi mente se mantenía en algo diferente.
Aquella chica antes se acostaba con el capitán, por lo que ahora no puedo dejar de pensar en que existía la posibilidad de que el capitán estuviera con ella.
No... no debería pensar en eso, no puedo desconfiar de él, se supone que mañana regresará y estoy seguro de que todo seguirá igual...
O al menos eso deseo creer.
¿Cuál es la probabilidad? Aquella mujer era atractiva y tenía un busto prominente, algo que llama la atención del capitán cuando de sexo se trata. No sé en qué debería pensar, pero preferí dormirme para callar mis pensamientos.
Al siguiente día me levanté relativamente temprano creyendo que el capitán regresaría durante la mañana, aunque como no aparecía decidí entretener mi mente mientras limpiaba el desastre que causaron ayer los chicos.
Había varias botellas de ron tiradas en el suelo, incluso vasos, por ende, me dediqué a recoger todo y a eso del medio día comenzaron a llegar los suministros para el viaje. Había varias personas trasportando la comida hasta el almacén, mientras que un hombre de elegante vestimenta iba tachando una lista que tenía escrita en una hoja.
De eso no me podía encargar, además poco después la tripulación iba apareciendo uno a uno hasta que divisé a tres chicas con una gran sonrisa en los labios que eran acompañadas por mi amigo, quien estaba descalzo y sin camisa.
Leo sólo llevaba un pantalón n***o, cuando me vio alzó la copa de ron que tenía en su mano viéndome con una sonrisa mientras que yo no podía evitar reír. Las chicas parecían más satisfechas que él, además, ¿tres? ¿No le es suficiente con una?
—Apresúrense, muchachas—oí que decía una chica, así que la busqué con la mirada dándome cuenta de que era aquella mujer llamada Lorena.
—¿Encontraste al capitán? —le preguntó Leo, alzando un poco la voz con tal de que ella lo escuchara.
—Sí, estaba en el bar— le respondió aquella mujer con una sonrisa, mientras que Leo me miraba rápidamente casi asustado.
Yo obviamente no dije nada, aunque como bajé la cabeza, Leo se acercó a mí queriendo hacerme creer que quizás sólo fue allí para beber. Era una probabilidad, pero eso no me hacía sentir menos triste.
—No te preocupes, no creo que haya estado con ella— me trataba de convencer.
—Eso no lo sabes— le dije dejando salir un suspiro cansado, aunque quería mantener las esperanzas de que él haya sido fiel.
Sé que es tonto, el capitán no me debe fidelidad, nosotros no tenemos nada serio, son nuestros cuerpos los que se dejan llevar por el momento, así que no me extrañaría saber que estuvo con alguien más.
Joder... estoy triste, me siento inseguro y desconfiado, algo normal, nosotros no nos conocemos lo suficiente como para confiar plenamente en el otro.
El resto del tiempo la pasé centrado en su regreso, quería verlo y no fue hasta el anochecer que lo vi regresar al barco. Parecía cansado, su ropa estaba un poco empolvada, así que me acerqué queriendo hablar con él.
—Hola—me saludó deslizando su mano por mi mejilla, mientras me dedicaba una sonrisa.
—¿Por qué estás...?
—Capitán— me interrumpió Asher— su moza le envía esto—comunicó, entregándole un pañuelo blanco con el bordado de una rosa.
El capitán rápidamente sonrió tomando el pañuelo mientras Asher lo miraba con cierta complicidad, parecía que les divertía algo que sólo ellos entendían, aunque no pude evitar sentirme celoso cuando el capitán olió la prenda diciendo "Huele al amor de mi vida, supongo que de verdad debo convertirla en mi esposa"
Quizás la moza a la que se refieren es aquella mujer llamada Lorena, algo que obviamente no me agradaba, pero no dije nada, simplemente me alejé sintiendo que sobraba.
Leo se dio cuenta de mis acciones, por lo mismo salió detrás de mí a medida que yo me bajaba del barco, queriendo buscar un espacio a solas donde centrar mi mente. No conocía la ciudad, pero como aún estaban equipando el barco con insumos, sabía que tenía tiempo para regresar.
—¡Joshua! —me gritó Leo, corriendo con tal de tomarme del brazo— ¿Qué ocurrió? ¿Por qué te fuiste? —me fue preguntando.
Yo le respondí, dándole a conocer lo que había visto y escuchado, mientras que Leo un poco nervioso me trataba de convencer de que se podría tratar de un malentendido. "Debe ser otra cosa" me decía "el capitán no te haría eso" añadía.
—Da igual, de todas formas, nosotros no tenemos nada— le dije queriendo retomar mi camino, pero él me apegó a su cuerpo con tal de abrazarme, entendiendo que eso era justamente lo que deseaba.
Quería sentir el sincero abrazo de alguien y gracias a eso mis lágrimas comenzaron a bajar, me sentía un tonto, esta es la segunda vez que lloro a causa del capitán, estúpido ¿no?
¿Esto será así con cada ciudad que visitemos? Porque definitivamente ya no quiero seguir sintiendo este nudo en la garganta ni este nudo en mi pecho, quiero algo más seguro, a alguien que no me haga desconfiar de sus acciones, a una persona que no tenga el historial de ser un mujeriego y sobre todo, a alguien que de verdad me quiera.