Capítulo 21: prohibido

1006 Palabras
Capítulo 21: prohibido El pasillo que se abría tras la compuerta oxidada era estrecho y sinuoso. El aire estaba viciado, impregnado de humedad, polvo viejo… y algo más. Algo que olía a carne descompuesta y metal quemado. —No me gusta esto —susurró Jezabel, apretando la linterna entre los dedos mientras el haz tembloroso iluminaba paredes cubiertas de hongos y raíces negras que trepaban como venas por la piedra. Ariadna sostenía a Cloe en brazos. La niña estaba despierta, pero su mirada se perdía entre sombras. —Está ardiendo —murmuró Ariadna, al tocarle la frente—. Jez, tenemos que encontrar un lugar seguro. Algo... algo médico. —En un sitio como este, dudo que haya algo que aún funcione —respondió ella, pero no se detuvo. El túnel descendía más y más, hasta convertirse en una especie de galería subteránea. Las paredes estaban reforzadas con concreto, y cada cierto tramo aparecían señales de advertencia grabadas con pintura descascarada: "ZONA CERO. NO ENTRAR." "SECTOR EXPERIMENTAL. PERSONAL AUTORIZADO." —¿Zona cero? —murmuró Ariadna. —El núcleo… —susurró Jezabel—. Debemos estar cerca del origen del brote. Un zumbido casi imperceptible, como de electricidad antigua, comenzó a flotar en el ambiente. Y entonces, la temperatura bajó de golpe. Jezabel se detuvo en seco. —¿Escuchaste eso? —¿El zumbido? —No. Voces. Ariadna frunció el ceño. Escuchó... algo. Un murmullo lejano. Como si alguien repitiera su nombre, una y otra vez. Ariadna... Ariadna... Estás cerca... —No es real —dijo, cerrando los ojos—. Es este lugar. Está… contaminado. La locura flotaba en el aire como un gas invisible. Avanzaron hasta llegar a una gran compuerta metálica medio abierta. Ariadna deslizó a Cloe en una manta y la dejó reposar sobre el suelo mientras Jezabel exploraba con su linterna. Detrás de la compuerta había un laboratorio oculto: lleno de vitrinas rotas, tubos con líquidos oscuros y cuerpos deformados flotando en cápsulas de cristal sucio. Todo cubierto por un silencio irreal. Un temblor cruzó la sala. Algo se movía bajo el piso. Ariadna encontró un terminal encendido, parpadeando. El archivo que estaba abierto tenía por título: PROTOCOLO NÉMESIS – AUTOPSIA CONSCIENTE Se desplazó por las líneas de texto rápidamente, leyendo: "Fase 6 completada. Los sujetos no mueren. La conciencia permanece activa incluso tras la necrosis total del tejido cerebral. El vector se multiplica. El experimento sigue." El archivo adjunto era un video. Lo reprodujo. La imagen mostraba a un hombre, atado a una mesa de operaciones. Su piel había sido arrancada en ciertas zonas, revelando tendones negros y palpitantes. Pero sus ojos… sus ojos aún estaban abiertos. Y se movían. —¿Qué se siente morir y no irte? —preguntaba una voz fuera de cámara. —Dolor. Dolor eterno —respondió el hombre con la voz rota—. Libérenme. Por favor… Ariadna cortó el video de golpe. Sus manos temblaban. —Esto ya no es solo ciencia —murmuró—. Es una maldita pesadilla hecha carne. Un golpe seco la sobresaltó. Jezabel gritó desde el otro extremo del laboratorio. Ariadna corrió, el corazón martilleándole las costillas. Encontró a Jezabel apuntando con su linterna al techo: una figura humanoide, colgando entre los tubos, los ojos abiertos como platos, la boca cosida. Pero… moviéndose. —¡No está muerto! —jadeó Jezabel. —¡Cuidado! La criatura cayó como una araña, quebrando el suelo con su peso. Era un híbrido: zombi con modificaciones quirúrgicas, parte de su carne reforzada con placas metálicas y cables eléctricos. Avanzaba a cuatro patas, emitiendo un chillido que perforaba el cráneo. Ariadna disparó su arma hasta que el cargador quedó vacío, pero el monstruo no se detuvo. —¡¡Corre, toma a Cloe!! Jezabel ya estaba en movimiento, jalando a la niña con desesperación. Ariadna retrocedió, buscando algo. Una palanca, una compuerta, un maldito milagro. Entonces lo vio: una consola de emergencia con una sola opción iluminada. SELLO CRIÓGENO – PURGA DE CONTENCIÓN. —Esto es una locura… —murmuró, y presionó el botón. El laboratorio tembló. Las luces explotaron una a una y un vapor denso comenzó a salir del techo. —¡¡¡Ariadna!!! —gritó Jezabel desde la salida. La criatura chilló con furia, pero sus movimientos se volvieron lentos. El gas la estaba congelando, ralentizando sus células. Ariadna escapó por segundos, justo antes de que la compuerta se cerrara con un chasquido. Jadeando, se reunió con Jezabel y Cloe al final del corredor. La niña abría los ojos con dificultad. —¿Dónde… estamos…? —murmuró, con los labios secos. —Casi en el infierno, mi amor —susurró Ariadna, besándole la frente. El pasillo terminaba en un túnel de servicio. En la pared, una inscripción pintada a mano sobresalía sobre la mugre: "CÁMARA AURORA – NO ENTRAR SIN TRAJE." "CONTAMINACIÓN ACTIVA – PELIGRO BIOLÓGICO." Jezabel tragó saliva. —¿Vamos a entrar? —No tenemos elección. Sea lo que sea que escondan ahí… forma parte de todo esto. —¿Y si salimos peor? Ariadna miró a su hermana y luego a Jezabel. —Entonces lo haremos juntas. Hasta el final. Y con el último aliento de cordura, se internaron en la oscuridad de la Cámara Aurora… sin saber que lo que encontrarían pondría a prueba no solo su cuerpo… sino su mente, una que no ha tenido descanso desde que todo esto comenzó y eso era algo que tenían en contra en ese momento aunque confiará en Jezabel. Por último volteo a mirar a su hermana y que estuviera lista para afrontar lo que sea que se avecine pero no es justo para una niña tan pequeña como Cloe que le ha tocado ver infinidades de cosas que no son actas para su crecimiento. No obstante, en este nuevo mundo debe estar preparada pero eso implica que todo sea a su debido tiempo no de golpe como ha tenido que pasar desde que comenzó el apocalisis zombie en el que un día fue su mundo.
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