Por la mañana me desperté rápidamente para poder ver a mi Hermano, me dirigí casi corriendo a su habitación, pero antes de tocar la puerta papá me dijo que él ya no estaba en su cuarto, asentí con la cabeza y fui a buscarlo por el resto de la casa donde no lo encontré, comencé a angustiarme porque tenía que hablar con él antes de que siguiera con esa idea errónea de lo que había pasado en la noche, pero no lo encontraba en ninguna parte de la casa, la angustia me estaba agobiando y empezaba a sentir que iba a vomitar si no sabía nada de él, aquí que subí de nuevo y le pregunté a papá.
-Papá, ¿Sabes dónde está Miguel? Es que no lo encuentro por ningún lado y me empieza a angustiar no saber dónde está. -no sabía si no entendía o no quería entender que él se había marchado sin decirme nada.
-Hijita, tú hermano ya no está, por alguna razón decidió irse antes de lo planeado. -Sentí un enorme vacío en el estómago, no podía creer que él hiciera algo así, cuando se suponía íbamos a disfrutar un día juntos antes de que él se marchara con Katherina.
- ¿Dijo por qué se iba? -una parte de mí no quería saber la respuesta, que tal si él decía que se iba porque estaba harto de mí, o por mi comportamiento en la fiesta, pero sabía que necesitaba una respuesta.
-No dio explicaciones, ni dio aviso previo a cuando era que quería adelantar el viaje solo dijo que tenía que irse lo más pronto posible que debía hacer algunas cosas, no mencionó ninguna razón en especial hija, lo lamento porque no pudiste despedirte de él-. Yo también lo lamentaba, sobre todo por lo ocurrido en la fiesta.
-Gracias papá-. Caminé por el pasillo a mi habitación y en ese momento sentí que algo me atravesaba ¿mi hermano se había ido por lo que pasó anoche en la fiesta? o ¿por qué su prometida se lo pidió? O es que acaso existía otra razón para que él se alejará tan repentinamente de aquí...
No supe qué pensar, agache la cabeza y con la mirada fija en el piso, me senté en la alfombra que estaba al pie de mi cama. Me quedé toda la tarde en el cuarto hasta que recibí un mensaje. Era Sergio el chico de la fiesta.
-Hola, soy Sergio ¿te gustaría salir? Era todo lo que decía el mensaje, pero... ¿cómo es que tiene mi número? ¿Quién demonios se lo había pasado?
- ¿cómo es que tienes mi número? -no entendía nada, las cosas ahora eran muy extrañas, definitivamente este era uno de los cambios más impactantes de mi vida, y no me había dado cuenta hasta que note que la ausencia de Miguel me dolía.
-Lo conseguí en la noche con una familiar tuya, creo que tu cuñada, es novia o esposa de Miguel tu hermano algo así me dijo, solo sé que es tu cuñada. - No sabía que mi cuñada había estado aquí en la fiesta, no me saludó ni hablo, ni estaba enterada. ¿tal vez vino por Miguel y por eso se fue? Y no tenía nada que ver con lo que escuchó, tal vez después se dio cuenta de que era un malentendido. Una pequeña esperanza surgió en mí.
-Está bien salgamos hoy. - Después de contestar me arrepentí como 20 veces por hacerlo, pero no iba a cancelar, no me iba a portar tan descortés con alguien que al parecer si mostraba interés en mí y al menos tenía intentos de conocerme, aunque no me agradaba para nada la famita de patán y mujeriego que tenía, pero no podía hacer nada contra eso.
Llegó como una hora después y recordé que yo no le dije a qué hora pasará por mí, pero al menos ya estaba lista para salir con él, me agrado que en eso tomará la iniciativa. Salió del auto para abrirme la puerta, vi que tenía una chaqueta negra, una camisa de vestir, pero sin fajar en los jeans, ese estilo lo hacía lucir apuesto... Muy apuesto.
-Gracias por venir, aunque no dije a qué hora llegarás. -Me reí al aceptar que había sido mi error.
-Descuida yo tampoco pregunté. -Tenía razón, era bueno saber que no me culpaba por algo tan absurdo.
- ¿Qué hubieras hecho si no hubiera estado lista para salir? -Soltó una pequeña sonrisa, vi como sus labios se arqueaban muy lindos.
-No sé en qué concepto me tengas Mariana, pero definitivamente te hubiera esperado. -Seguía sonriendo, por un momento deje de ver a dónde íbamos y solo lo veía a él.
-Bueno, no es el concepto en el que te tenga, solo quería saber por si en algún momento llegara a pasar. -No pensé en mi respuesta.
-Está bien, al menos acabas de darme señales de que si esto sale bien, no será la primera vez que ocurra y esa idea me parece demasiado buena. -No contesté, ya no sabía cómo defenderme, solo solté una risa y sentí el calor en mis mejillas, rogando que estás no se marcarán.
Fuimos a una feria nos divertimos mucho y me regaló un lindo oso de peluche, grande casi como de un metro, color café, con ojos azules, el cual era muy suave, había querido uno así desde pequeña, aunque no tenía el valor de pedirlo y Sergio parecía haber leído mi mente cuando lo ví.
Regresamos a la casa, iba bastante agotada y parecía que él también así que ninguno de los dos habló hasta que llegamos a la casa.
-Bien princesita, ¿Te ha gustado salir conmigo hoy? -se escuchó de los más chistoso, tanto que ambos nos soltamos a las risas.
-Bueno a decir verdad fue un día bastante grato, me gustó salir contigo. -dije tomando el oso para darle un abrazo.
-Entonces... ¿Me he ganado el privilegio de salir otro día?
-Probablemente sí, todo depende, de cuando y donde me busques.
-Lo tendré muy en cuenta.
-Vale, tengo que bajarme e ir a mi casa. - cuando me dirigí a darle un beso en la mejilla hizo la típica jugada de voltear en ese momento, pero lo evité. -Sergio, eres muy lindo, pero solo quiero un amigo y si lo aceptas podremos llegar a vernos después.
-Me parece bien, acepto ser tu amigo, si aceptas salir otro día conmigo. -me hizo sonreír al instante.
-Vale coqueto otro día saldremos, tengo que irme, adiós. -Salí del auto rápido, ya que mi padre estaba en la entrada.
-Hija, ¿es él con quién has salido esta noche? -pregunto algo admirado, o eso se notaba en su tono de voz.
-Sí papá, ¿Pasa algo? -esperaba que no, ya que sin importar cuál era la fama de Sergio parecía un buen chico cuando lo quería y era muy lindo.
-Ninguno, sólo ten cuidado. Vamos a dentro, empieza a enfriar y mañana debemos trabajar. -Entramos a la casa y cada uno se fue a su habitación.
No entendía por qué Sergio había aceptado, pero eso me agradaba, era muy buen amigo o eso había notado y me la pasaba muy bien con él, pase toda la tarde sin pensar en nada que no fuera estar ahí con él, en juegos y comiendo, eso me hacía sentir muy bien.