La enfermera me mira en silencio, y más de una vez me hace repetir lo que pasó. —¿Seguro que solo fueron los dedos y no directamente?. tanto Viktoria como yo negamos. —¿seguros?. ambos afirmamos. —Bueno. si es así debería estar mejor en unos días con antiinflamatorios, analgésico en gotas... tal vez debería ir a un oftalmólogo. Hoy mismo. dice con seriedad para luego irse a buscar algunas gotas. —¿Tienes quien te lleve al oftalmólogo?. ella me mira con esa actitud tan indistinta. —Si, pero no le voy a llamar. puedo ir sola. le miro incrédulo. — Tienes que irte con alguien con un solo ojo no puedes andar caminando. —Es mejor eso a llamar a Hefesto para que empiece a cortar cabezas por todo el lugar. dice con cierta mala gana. —¿Y tú padre?. —Fuera del país. —¿madre?. —No te

