-No, James, no me tires arena. -le grite. Río y siguió enterrándome en la playa. -Espera, espera, no te muevas. -empujó mi cabeza hacía atrás para que no me pudiera poner de pie. -Maslow, esta me la pagaras. -dije levantando los brazos. -No, no, quieta, quieta. -dijo entre risas. Puedo jurar que parecía un nene de seis años. - Hay, ________, eso no es justo. - ¿Qué no es justo? ¿Qué no te deje enterrarme? -dije casi riendo. Me puse de pie mientras su mirada se clavaba en mi cuerpo sucio por la arena. -Deberías lavarte. -dijo riendo. -Oh. ¿Es en serio? -arqueé una ceja. Parece que le dio gracia porque empezó a reír estúpidamente. No me aguante y solté una pequeña carcajada. - Vamos, tírate al suelo, me toca a mí. -No, tú no me dejaste enterrarte. -dijo inocentemente. -Pero me bañas

