Me encontraba sentada en el sofá, esperando a que James se dignara a bajar de una buena vez. Un zumo de naranja en mi mano derecha y una barra de cereales en mi mano izquierda. La ventana abierta, dejando a la vista los árboles bailando por la suave brisa de verano. La noche ya había caído y con ella mis deseos de irme a dormir se hacían notables. Los pasos sobre los escalones retumbaron en el silencio de la casa, James se aproximaba. Volteé a verlo y desvió la mirada para entrar a la cocina. ¿Podía ser posible que se enfadara por eso?, me pregunté mientras escuchaba atenta los movimientos de James en la cocina. Como siempre ocurría, James no pedía disculpas, según él, eso no servía de nada. El ejemplo del vaso roto daba a entender que para él no tenía sentido pedir disculpas. -Cuando

