Ahora sé que tengo paciencia de oro, mis pilas no son eternas; porque puedo durar veinticuatro horas trabajando, salir con mis amigos e incluso hacerle el amor a mi sirena sin descanso y aun así tengo energía, pero paso unas horas con una parte de mí y me siento derrotado. - ¡Papá! - se monta encima de mi pecho - ¡papá, domido! - me abre los ojos. - No papá intenta dormir para que la sirenita duerma, pero no quiere. Vamos hija, mi reina, mi sirena, amor de mi vida, mis ojos de cielo duérmete - No, mamá. - me mira enojada mientras juega con mi pecho dándole golpes. - Tu madre, esa sirena me va a escuchar cuando llegue – miro a mi princesa tan lejos de la realidad - ¿De dónde sacas tanta energía? Tienes un año y once meses deberías dormir. - Paque

