Lo vi cortar verduras y saltearlas en el aire con maestría, así que, lo observé bastante asombrada. —¿Dónde aprendiste eso? —Mi madre me enseñó, es chef, así que, era una regla que, si íbamos a usar su cocina, supiéramos qué hacer. —Tu sí que me sorprendes cada día —se encogió de hombros. —Soy un novato delante de ella, ya la conocerás —dijo con una sonrisa. Y en otras circunstancias ese “ya la conocerás”, me hubiese hecho salir corriendo, pero en esta, me encantó —. ¿Quieres que te enseñe? —Soy un desastre en la cocina. Hasta Bree es mejor que yo. —Ven aquí —dijo abriendo un cajón y sacando un delantal. No me quedó de otra que asentir, así que, dejé mi copa a un lado y caminé hacia él. Hans me puso el delantal con sus delicadas y grandes manos, rozándome suavemente, cosa que me eri

