Hans y yo no pusimos fecha, al menos, no por ahora, pero así nos sentíamos bien y tranquilos. Y como si todos supieran lo que pensábamos, nadie preguntó fecha ni nos presionó para que la pusiéramos y eso funcionaba para los dos. Mi tiempo en New York terminaba, así que, luego de que Hans pasara por mí a casa de Bree para ir a la suya, me armé de valor y se lo dije. —Hay algo que debo decirte —dije apenas estuvimos en casa. —¿Quieres una copa? —preguntó. Asentí y él se alejó diciendo que me escuchaba. —Tengo que ir a Los Ángeles. —¿Tienes algo importante que hacer allá? ¿Quieres que te acompañe, mi cielo? —preguntó sirviendo las copas. Me quedé en silencio unos segundos y respiré profundo soltando todo de una vez. —Debo ir a atender mi galería de allá. Suelo irme por seis meses. La b

