Los vi llorar a él y a Hope sin consuelo alguno. Ambos lloraban con dolor, con tanto dolor que podían trasmitirlo a cualquier persona del lugar, así que, yo también rompí en llanto y no fui la única. Ambos se quedaron ahí, uno al lado del otro mirando a su padre a través de ese cristal que los separaba. No supe cuánto tiempo pasó, pero fue mucho. Solo se alejaron, cuando el cura salió para dar la misa de réquiem. Yo, al igual que todos, buscamos sentarnos en algún banco de la enorme iglesia, pero en mi camino alguien tomó mi mano haciéndome detener. Volteé enseguida un poco confundida y eran Hans, quien me pedía que me sentara con él y Hope en la primera fila. Hans se sentó en el medio y Hope y yo a cada uno de sus costados. Y, aunque no era religiosa, la misa fue hermosa. El padre de Han

