Alessia Desperté sobresaltada a mitad de la noche, con esa opresión en el pecho que me era tan familiar desde hacía un tiempo. Desde que papá desapareció y comencé a mirar sobre mi hombro, al sentir que alguien me seguía. Porque temía que alguno de los hombres a los que les debía dinero o algo peor, acechasen tras la sombras, en busca de venganza. Aunque en esa ocasión, era completamente diferente. Se suponía que nadie podría llegar hasta mí, eso era lo que Cristiano le había garantizado a Hades; una preciosa jaula de oro y un grupo de hombres se movían como sombras a mi alrededor allí donde iba. Ya fuese a visitar a mi amiga, salir de compras o pasar la tarde en el spa. Sin embargo, alguien estaba allí, reptando entre la oscuridad de la suite. No podía ser Hades, porque aún faltab
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