Alessia Mis caderas chocaron contra el costado de la cama, cuando me arrojó boca abajo sobre la superficie mullida. Podía sentir su pecho subiendo y bajando pesadamente contra mi espalda, su poll@ palpitando caliente contra mi culo y su agarre firme. Él estaba convencido de que aquello era un castigo, en cuanto a mí, aquello se sentía como un premio. Lo sentí empujar con su cuerpo, antes de morder suavemente mi hombro y raspando la piel desnuda con su barba de dos días. Mientras resollaba contra mi oído: —Te gusta que te castigue…¿Te encanta la tortura, cierto? —Su mano masculina, palpo lentamente la humedad escandalosa de mis bragas. —Te divierte incitarme, llevarme al límite, empujar hasta que no tenga otra alternativa que convertirme en una bestia voraz y hambrienta… Lo disfrutas

