CAP. 52 - LA SANTA MUERTE En el atrio olvidado del hospital, donde la media luz se funde con el eco de rezos arcaicos, se levantaba la figura misteriosa de Marga. Una mujer mexicana de mirada aguda y voz hosca, Marga llegó al hospital sin indicaciones ni expedientes, como si el destino la hubiera situado allí para cumplir un designio oscuro. Al principio, su ardor religioso era tolerado. La dejaban orar en serena soledad, entonando súplicas a La Santa Muerte con una devoción que, para muchos, rozaba la extravagancia benigno. Nadie sabía con precisión cómo ocurrió, pero una noche, mientras las tinieblas se alargaban en los pasadizos y el silencio adquiría una trama casi palpable, Marga se evaporó en el claustro. Días después, los guardianes encontraron un pequeño monumento levantado en

