Sofía Estos días habían sido una montaña rusa. De verdad que no salíamos de un problema sin meternos en otro, y lo malo de todo es que siempre arrastramos a mamá. Volteo y la miro; se ve que está muy molesta. Estamos sentadas en el consultorio del médico que vio a Mandy. ¡Qué vergüenza, Dios! ¿Por qué no pensé las cosas? Pues claro, la calentura... Mierda, creo que esta vez sí la hicimos bien. Estoy perdida, rezando para que no esté embarazada, cuando mi madre me llama. —Sofi, el médico nos llama. Asiento y me levanto sin decir nada. Cuando entro al consultorio, el médico me sonríe. —Buenos días, ¿en qué les puedo ayudar? ¿Surgió alguna duda respecto a tu hermana o pasó algo? Yo niego con la cabeza, pero la que habla es mamá. —No, doctor. Mi hija, gracias a Dios, está muy bien. Ahor

