En ese momento, me quedé atónita al ver que la puerta se abría silenciosamente. No apareció nadie, pero se abrió con cansancio y nos dejó expuestos follándonos a todo pulmón, con fuertes gemidos y sonidos húmedos de su pene deslizándose dentro y fuera de mi v****a mojada. —Eso es, cariño. Eso es, fóllame. Sí, sí, más; más fuerte. Ahí —le ordené a David que me tomara con una fiereza salvaje—. ¡Fóllame como Jeremy quería hacerlo! Sus manos me agarraron y su polla golpeó mi coño. —¡Sí, nena! ¡Me quería en el estacionamiento! —susurré. Unh, unh, unh... eso es, que me jodan, cariño. —¡Quería follar a tu mujercita en la parte trasera de su camioneta! —grité con picardía. Sentí que se tensaba entre mis piernas, sus piernas tensas, sus dedos de los pies arañando la sábana, su gran polla embist

