Capitulo 3

1648 Palabras
Él llevó mi maleta hasta la puerta y yo busqué mi llave y abrí la puerta. —¡Gracias por todo, Marck! —Buenas noches, gracias a ti también. El hogar de David, mi esposo, mejor dicho, nuestro hogar. No se arriesgó a darme un último beso y me sentí un poco aliviada, ya que todavía había luz en la casa. Me acomodé el vestido y esperé que no estuviera demasiado arrugado mientras abría la puerta y me encontraba con los niños dormidos en el sofá y David, soñoliento, me miró desde su silla frente al televisor. —Oye, ¿cómo está funcionando el proceso político del país? —Dijo con una sonrisa. Los niños querían esperarte despiertos. Me incliné nerviosamente para darle un beso en los labios y él me atrajo hacia su regazo. —¡Fue divertido! Ya sabes que soy una adicta a la política. Le dije a Marck que volvería a dirigir su campaña el año que viene. ¿Te parece bien? —¡Alguien tiene que representar a la familia! Pero qué lástima que sea con esos liberales izquierdistas. ¿Saben lo afortunados que son? —Oh, creo que sí —me reí. Me apoyé en él mientras su mano encontraba mi pecho. —Espero que no estés demasiado cansado, ¡he estado sentado aquí pensando en ti durante tres noches! —¿Ah, sí? —me reí—. Bueno, dormí un poco durante el viaje, así que... —bromeé. Llevamos a los niños a sus camas. Se despertaron a medias para darme las buenas noches mientras los arropaba y luego me quedé admirando sus cabezas rizadas. Las manos de David se deslizaron bajo mis pechos y los apretaron. Me recliné contra él y sentí la presión reveladora de su cálida polla contra mi trasero. Esperé mientras desabrochaba mi vestido y dejaba que sus manos exploraran mi sujetador con ansias. Una pequeña punzada de culpa recorrió mi columna vertebral. —¡Estás muy cachondo esta noche! ¿En qué estabas pensando, acaso pensabas en mí? —Le pregunté mientras sus labios mordisqueaban el lóbulo de mi oreja. —¿Y tú nena en que estás pensando, acaso en esos grandes deportistas de secundaria que te querían cuando eras la animadora sexy? Me prometiste que me contarías toda la historia si era una buena niñera. —Te lo sigo diciendo, ¡no hay nada que contar, cariño! —Había olvidado la promesa en broma que me había arrancado antes de dejarme ir a la convención. David me levantó y me llevó a la cama. Se arrodilló, separó mis rodillas y deslizó sus manos por la parte exterior de mis piernas. Se inclinó entre mis piernas y me besó en el montículo. Dios, hace tantos meses que mi esposo no me tocaba. —¡Te voy a comer, cariño! Mmmmm, cariño, ya estás mojada. Creo que la política te pone en marcha, ¿lo sabías? —Espera, dame un minuto para refrescarme, cariño. —Me quité el vestido y moví mis caderas mientras dejaba que me admirara caminando hacia el baño en bragas y sujetador. Me quité las bragas empapadas en el baño y las tiré al cesto de la ropa sucia. Me puse un sencillo camisón por la cabeza y me puse un poco de perfume por aquí y por allá. David se desnudó mientras me veía colgar mi vestido en el armario. —Estás preciosa, ¿lo sabías? —Dijo. Me metí en la cama a su lado y metí la mano bajo las sábanas para buscar su pene. —Cuéntame sobre ese héroe de la secundaria, cariño. Cuéntame cómo intentó meterse en esas lindas braguitas —susurró con voz ronca en mi oído. —No sé por qué te parece tan interesante. Y menos aún por qué te resulta emocionante. Era un tema habitual en nuestras relaciones sexuales. No había tenido mucha vida s****l en la escuela secundaria y no era buena inventando cosas. A veces, David anhelaba oírme contarle cómo un antiguo novio me había hecho el amor. La idea de hacerlo le resultaba muy estimulante. Pero yo en realidad no tenía mucho que ofrecerle, aunque a veces adornaba alguna velada relativamente tranquila de besos para aumentar nuestro placer. Al principio de mi matrimonio me ofendía, pero con el tiempo decidí que no era perjudicial y traté de inventarme mejor las fantasías. David deslizó su pierna entre las mías y yo acaricié su pene. No pude evitar hacer comparaciones con Marck, aunque sé que eso me califica como una put@. ¿Cómo podía estar acostada aquí con mi esposo apenas una hora después de haberle dado a otro hombre un orgasmo ardiente? Estaba confundida acerca de este nuevo giro en mi vida. Pero para complacerlo, comencé. Comencé como si hubiera sucedido en la escuela secundaria y no solo esa misma noche. Y a medida que le contaba más y más detalles, él se emocionaba cada vez más. —Estábamos volviendo de un concierto, —comencé. —Fue un viaje largo y era tarde por la noche. Bobby conducía la gran camioneta Suburban de su padre y yo estaba sentada cerca de él... —¡Sabía que había una historia ahí! Nunca había oído esa —murmuró, y su pene creció en mi mano. Su mano se deslizó entre mis piernas y yo la abrí para dejarle sentir mi coño húmedo. —Estaba cansada y me estaba quedando dormida, y Bobby seguía poniendo mi mano sobre su pene. Finalmente comencé a acariciarlo como él quería. —¿Así como me estás acariciando? —Sí, así. —Deslicé mi mano más abajo para agarrar las bolas de David y sentí el calor de su polla contra mi muñeca mientras se retorcía de placer. —¿También dejaste que te manoseara? —Sí, puse su mano entre mis piernas. Lentamente deslizó su mano debajo de mi falda,... más arriba... hasta que su mano estuvo contra mis bragas. —Espera, espera, no tienes bragas puestas, —se rió. David se levantó de la cama y encendió las luces. —¿Dónde los pusiste? —Simplemente sácame un par limpio del cajón. Él rebuscó en el cajón y sacó un par de bikinis blancos y me los puse y sonreí mientras él miraba. Se presionó contra mí y ahuecó mi montículo a través de las pequeñas bragas. —¿Así? —Preguntó. —No, sólo entre mis piernas. —Moví su mano y él presionó el costado de su mano contra mi coño. Quería ver mis pechos, así que nos detuvimos y estacionamos y yo hice esto: Me quité el vestido y dejé que mis pechos se balancearan frente a los ojos de David. —Son hermosas, Beth... eres hermosa. Me estremecí al darme cuenta de que había usado casi las mismas palabras que había escuchado antes de Marck. Cerré los ojos con placer mientras sus manos acariciaban mis pechos y sus labios mordisqueaban mis pezones prominentes. —Bobby se excitó mucho y chupó mis pezones, mientras yo hacía esto. —Puse mi mano alrededor de la polla de David y comencé a demostrarle cómo había follado a mi novio de la secundaria con mi mano. —¿Le dejaste que lo metiera, cariño? ¿Así? —No. David se deslizó entre mis piernas y las abrí bien para él. Guí su pene, dejando que la cabeza acariciara de arriba a abajo mis labios vaginales, y luego lo dejé deslizarse dentro de mí. Su pene caliente se sentía delicioso al abrir las paredes de mi v****a y llenarme. —¿Por qué no? ¡Apuesto a que quería metértelo! —Su respiración era entrecortada ahora mientras se hundía completamente en mí y se quedaba allí, insinuando sus caderas ligeramente para que su polla se moviera dentro de la longitud húmeda de mi cómoda funda. —Creo que sí —dije, dejándome disfrutar de la polla de mi marido mientras exploraba las familiares paredes de mi coño. —Dios, eres sexy, Beth. —¿Lo tomaste en tu boca? —Susurró. -No, eso tampoco —dije. David empujaba entre mis piernas abiertas y me instaba a que le diera más detalles. —Sólo lo cogí con la mano, cariño, sólo con la mano. —Oh, Dios, tu coño se siente caliente, cariño. —Seguí acariciando la gran polla de Bobby... —Mis palabras estaban acentuadas por nuestras embestidas. —Oh, eso es bueno, David... eso es, eso es. Fóllame, cariño... ¡Más! Más fuerte, métela, nene, —dije con voz áspera. —Es Bobby el que te folla, nena, —dijo con voz áspera. —Oh, mételo ahí, Bobby, mételo ahí... —gemí, el placer inundó mi cuerpo. Sentí que su cuerpo se tensaba y agarré sus nalgas para instarlo a entrar más profundamente. Podía sentir la cabeza de su polla tocándome, pinchándome, moviéndose profundamente dentro de mí. Estaba embistiendo ansiosamente por más de él, encontrando su embestida tras embestida. Tenía los ojos cerrados de placer mientras follábamos juntos, tratando de obtener hasta el último trocito de placer del apareamiento de la polla y el coño. Una y otra vez lo sentí embestir, los músculos de sus piernas duros y rectos entre los míos mientras ambos gemíamos de placer. Me corrí con un gran escalofrío y sentí su semen explotar en mi v****a. Mientras caía exhausto sobre mí, sentí que su polla se relajaba y luego se deslizaba de las garras de mi coño. Su semen caía en cascada desde mi v****a y se deslizaba lentamente por mi pliegue. Estuve largo tiempo en la oscuridad pensando en esta inusual noche de hacer el amor. "Debería sentirme más culpable que esto", pensé. Pero me sentía deliciosamente cansada y maravillosamente satisfecha. Mañana pensaría en esto y vería qué hacer con ello. Me incliné y besé la mejilla de David justo cuando comenzó a roncar satisfecho a mi lado.
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