—No, mamá, pero me da gusto que esté bien. —Sí. Sigue con esa mujer; la verdad no me agrada, ni siquiera recuerdo su nombre. Celeste tomó las manos de Alicia y la vio a los ojos. —Por eso quiero que tú también seas feliz, hija, que encuentres a alguien que te ame y te haga feliz. Alicia entrecerró sus ojos y una lágrima rodó por su mejilla. —Mamá, te quiero, no te preocupes si estoy muy bien. —Hija, te amo. —Yo, igual, gracias por tu cariño. Alicia sacudió su cabeza y limpió la lágrima de su mejilla, tratando de regresar a su ánimo inicial. —Bueno, mamá, comamos y platiquemos de otras cosas más divertidas, como las actividades de Abril. Celeste y Alicia comenzaron a hablar de Abril y del campamento, de lo feliz que se encontraba allá. Después de ordenar, les llevaron sus platos y

