La mañana estaba muy fresca y el bullicio del cantar de las avecillas que se encuentran en el jardín de la mansión da la bienvenida al nuevo día y a los ocupantes de aquel lugar tan grande y lujoso como lo es la mansión Berruezo. Después de una noche de pasión que aun continuo en la mañana del nuevo día la pareja se levantó y a duras penas se asearon juntos. Sus manos inquietas no lograban separarse de aquellos cuerpos febriles por la pasión. Bastián se ya había cambiado. Vestía un pantalón azul oscuro, con una camisa blanca. La ropa lo hacía ver elegante e informal, que era lo que él quería para ese momento, porque iba para la oficina a trabajar. Estaba detrás de una visita para ir a ver a Adiel Cook en la cárcel en Australia, pero necesitaba un permiso especial y por eso salía tem

