Melina estaba en un sopor de felicidad de ver que todas las cosas que ella había planificado con tanto tiempo atrás le estaban dando magníficos resultados. La mañana que vio como Bastián humilló y alejó a la mujer que tanto amaba sin darle la oportunidad de defenderse eso había sido supremamente maravilloso. Pronto regresaría Franchesca con el niño a la casa donde ella podría dominar y gobernar a la aterrada joven madre. —Estoy muy feliz—tarareaba una canción mientras que limpiaba el escritorio de Bastián— nadie podrá detenerme. Bailaba y reía en la oficina hasta que vio un papel que asomaba del escritorio y le llamo la atención. Lo tomo y leyó. “Amor, necesito tu ayuda urgente. Llámame para contarte mis planes. Van a llegar mis amigos como quedamos. Nos vemos en la mansión. — «¿Ami

