Finalmente recibe esa llamada tan esperada, Robert enciende el altavoz y todos lo escuchan claramente: —Tienes una hora para dejar el dinero en una de las papeleras que hay enfrente de la editorial de Lesley, y no quiero policías ni nada por el estilo. —De acuerdo, pero... ¿Cómo sabré que Lesley está bien? —pregunta Robert. —Habla, di hola al hombre que gracias a mí ya no podrás engañar más —le pide Bryan a Lesley, sin dejar de apuntar con un arma a su cabeza. —Lo siento mucho Robert —dice entre sollozos, muerta de miedo—. Si me mata cuida de mi hijo, por favor. —Eso Robert, si la mato cuida de nuestro hijo. Porque en cuanto pueda iré a por mi precioso hijito, seguro que alguna mafia de bebés me da mucho dinero por él también —responde antes de cortar la llamada, sin dejar de mi
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