VEINTISIETE —¿Cuáles son tus planes para el día? —preguntó Rachel. —Estoy al día con el mantenimiento aquí, así que pensé en pasar el día en el alojamiento —respondió Joe, y se llevó una cucharada de cereales a la boca. —Oh, bien. No olvides llevarte un sándwich. —Rachel se sentó y tomó un sorbo de café. Para ella era demasiado pronto para desayunar—. ¿Cómo te fue anoche? —Volvió su atención hacia Angie. —Estupendo —contestó entre bocados de tostada. A diferencia de su madre, a Angie le encantaba el desayuno, especialmente la mantequilla de maní untada en una tostada—. Este hombre sabe cocinar. —¿Ibas a comer un filete? —preguntó Joe. —Sí, y estaba perfectamente cocinado —respondió—. Y sin kétchup. No permite que nadie ponga kétchup en sus deliciosos filetes. Rachel rio. —Un hombre

