TREINTA Y CINCO Unos días más tarde, Rachel estaba descansando en la piscina con Ruby y su amigo. Tenía muy buen aspecto en traje de baño para un hombre de ochenta y nueve años. Su cuerpo parecía firme y aún le crecía una mata de pelo totalmente blanco en la cabeza. Ruby estaba sentada con su sombrero de sol, mirando a Bob nadar en la piscina. Rachel pensó que parecía haber engordado unos cuantos kilos desde que apareció su ex marido. Y ella necesitaba cada uno de ellos. —Me gusta tu traje —comentó Ruby. —Gracias. Lo compré en Dillard's. Además, estaba en oferta. —Rachel estaba estirada en su tumbona, luciendo un traje n***o con anchas rayas blancas que se arremolinaban alrededor de sus curvas como un resorte Slinky. —¿Dónde está tu marido? —Aprendiendo a usar Internet. Angie le está

