Esa mañana bien temprano una caravana de guardaespaldas acompañaron a Jade y Georgina a la playa, ellas pasarían casi dos días en ese lugar para despejarse de la estructurada vida que tiene en Calabria al cuidado de su padre. Una sonrisa se formó en mi rostro que rápido me obligué a borrar pensando en el idiota de Gerónimo, su cita y ese cumpleaños sorpresa que organizaron para mí, me había tomado por sorpresa, sobre todo hoy que saldré con él. La última vez que salí con un hombre de esta forma fue con uno de los miembros de la Bratva, todo iba a bien hasta a qué el tuvo la rara sensación de que debíamos casarnos y como es muy común en mi, huí porque no sirvo para ser la mujer de un solo hombre porque no creo en la fidelidad. — Hola — atiendo mi teléfono mientras me miró al espejo. — Na

