Gerónimo. Debía fingir, no solo que tenía una resaca de los mil demonios, sino que también me caí bien la señora que estaba en mi jardín con mi hija, los Mancini no son de mi agrado, pudo ser la madre de mi difunta esposa, pero ella como su esposo son nefastos en todos los sentidos, porque cuando las cuentas y la deudas con la mafia los apretaron no dudaron en darme a su hija como forma de pago. Odiaba lo que hicieron, aunque después de todo terminé enamorado de Marina no quita que aborrezco a todos los Mancini y que esté acá siendo de abuela perfecta por unas horas solo significaba que algo quería. — ¡Gerónimo! — exclama la mujer al verme. — ¡Papá! — dice Jade sorprendida de verme. — Hola princesa — la saludo dejando un beso en su mejilla. — Carmen — dejo que la abuela de mi hija me a

