CAPÍTULO XIVEl uno de noviembre el explorador de Kutúzov le informó de que el ejército a sus órdenes se hallaba en una situación casi desesperada. Según el explorador, los franceses habían cruzado el puente de Viena con fuerzas muy numerosas y se dirigían hacia la línea de comunicación de Kutúzov con las tropas que llegaban de Rusia. Si Kutúzov permanecía en Krems, los ciento cincuenta mil hombres del ejército napoleónico le cortarían toda comunicación y el enemigo rodearía a sus agotados cuarenta mil hombres y los dejaría en la misma situación que a Mack en Ulm. Si abandonaba la línea de comunicación con las tropas procedentes de Rusia, debería entrar en una región sin caminos y desconocida, las montañas de Bohemia, para defenderse de un rival mucho más numeroso y abandonar toda esperanza de reunirse con Buxhöwden. Finalmente, si Kutúzov procedía a retirarse por el camino de Krems a Olmütz para unirse a las tropas provenientes de Rusia, se arriesgaba a que se le adelantasen los franceses que habían cruzado el puente de Viena y tendría que luchar durante la marcha, con armas y bagajes, contra un ejército que lo superaba en tres veces y lo rodeaba por dos flancos. Kutúzov escogió lo último.
Como decían los exploradores, los franceses habían cruzado el río en Viena y se dirigían a marchas forzadas a Znaim, a más de cien kilómetros del camino por donde debía replegarse Kutúzov. La gran esperanza de salvación para los rusos consistía en llegar a Znaim antes que los franceses; dejar que los franceses llegasen antes suponía exponer al ejército ruso a un oprobio semejante al de Ulm o a su aniquilación. Pero era imposible adelantarse con todo el ejército a los franceses. El camino de estos desde Viena hasta Znaim era más corto y mejor que el de los rusos desde Krems.
La noche en que Kutúzov recibió la noticia ordenó que los cuatro mil soldados de la vanguardia de Bagration abandonasen el camino de Krems a Znaim y tomasen el de Viena a Znaim, adentrándose en las montañas. Bagration debía seguir sin detenerse, con Viena enfrente y Znaim detrás. Si lograba adelantar a los franceses, debería distraerlos el mayor tiempo posible. Entretanto, Kutúzov avanzaría hacia Znaim con el grueso del ejército y los pertrechos.
Tras recorrer cuarenta y cinco kilómetros a través de las montañas, por terrenos sin caminos y en una noche borrascosa, con soldados hambrientos y descalzos, dejando atrás a un tercio de rezagados, Bagration llegó a Hollbrün, en el camino de Viena a Znaim, horas antes que los franceses, que iban a su encuentro desde la capital austríaca. Kutúzov debía marchar veinticuatro horas más con sus convoyes para llegar a Znaim. Bagration debía distraer con menos de cuatro mil hombres a las fuerzas enemigas en Hollbrün para salvar al ejército. Estos soldados rusos, hambrientos y agotados, debían retener el avance francés durante veinticuatro horas, lo cual era a todas luces imposible. Pero los caprichos de la fortuna convirtieron lo imposible en posible. El éxito del ardid que había puesto en manos de los franceses el puente de Viena sin disparar un tiro indujo a Murat a tratar de engañar a Kutúzov. Al encontrarse con el grupo de Bagration en el camino de Znaim, Murat creyó que era todo el ejército de Kutúzov. Para liquidar de una vez golpe al enemigo, decidió aguardar a los rezagados que venían por el camino de Viena, así que propuso un armisticio de tres días siempre que ambos ejércitos se mantuviesen en sus posiciones y no avanzasen. Murat alegaba que las negociaciones de paz habían sido iniciadas y proponía el armisticio para evitar una sangría. El general austríaco, el conde Nostitz, que estaba en las primeras líneas, creyó al emisario de Murat y retrocedió dejando desprotegido el destacamento de Bagration. Otro emisario fue hacia las tropas rusas con idéntica noticia sobre la la paz y proponiendo tres días de armisticio. Bagration respondió que no estaba autorizado para aceptar ni rechazar la tregua y envió a su edecán para informar a Kutúzov.
Kutúzov sabía que el armisticio era la única manera de ganar tiempo, de dar descanso al destacamento de Bagration y al menos una jornada más hacia Znaim a los furgones y demás convoyes (cuyo movimiento ignoraban los franceses). La propuesta de armisticio conllevaba la única e inesperada posibilidad de salvar al ejército. Kutúzov envió inmediatamente a Wintzingerode, general edecán, al campamento enemigo apenas recibió la noticia. No solo debía aceptar el armisticio, sino proponer incluso condiciones de rendición; mientras, Kutúzov mandó a sus ayudantes que acelerasen el movimiento de los convoyes por el camino de Krems a Znaim; solo el hambriento y agotado grupo de Bagration debía permanecer ante un enemigo ocho veces superior cubriendo los movimientos de los convoyes y de todo el ejército.
Las previsiones de Kutúzov fueron corroboradas con respecto a la capitulación propuesta, que a nada obligaba y podía dar tiempo a parte de los convoyes a pasar, y con respecto a su hipótesis de que el error de Murat pronto saldría a la luz. En cuanto Bonaparte, que se hallaba en Schönbrünn, a veinticinco kilómetros de Hollbrün, recibió el informe de Murat con el proyecto de armisticio y rendición, vio la añagaza y escribió a Murat la siguiente carta:
«Al príncipe.
»Schönbrünn, 25 Brumario, año 1805, a las ocho de la mañana.
»No encuentro las palabras para expresar mi disgusto. Usted solo manda mi vanguardia, y carece de poderes para negociar un armisticio sin órdenes mías. Me está haciendo perder toda una campaña. Rompa de inmediato el armisticio y ataque al enemigo. Alegará que el general firmante de la rendición no estaba facultado para ello, y que solo uno lo está: el emperador de Rusia.
»Cuando el emperador ratifique ese acuerdo, yo también lo haré; pero eso es solo un engaño. Avance y destruya al ejército ruso… Puede apoderarse de sus equipos y su artillería.
»El edecán del emperador de Rusia es un… Los oficiales no son nada sin poderes; y él no los tenía… Los austríacos se dejaron embaucar en el paso del puente de Viena y usted se deja embaucar por un edecán del emperador.
»Napoleón»
El edecán de Bonaparte fue al galope con esta carta para Murat. Por su parte, Napoleón, sin confianza en sus generales, marchó con su guardia al campo de batalla temiendo que la víctima que tenía a mano escapase. Los cuatro mil hombres de Bagration encendían alegremente fogatas, se secaban, se calentaban y cocinaban el rancho por primera vez en tres días. Ninguno sabía ni se barruntaba lo que sucedería.