Jonas Calibran abrió la puerta del coche dejando salir a la rubia que fue recibida por Rodrigo que parecía más que feliz.
— Mi amor — dijo besando los labios de Natalie fugazmente — Llegas justo a tiempo, vengo de la remodelación del hotel e iba a tomar un baño para irnos al hangar.
— ¿Y pretendes que te enjabone la espalda o que?.
— No precisamente.
Natalie sonrió.
— No va a pasar Rodrigo, ve subiendo a la habitación y te veré en un momento.
— Natalie…
— Vete Rodrigo.
El castaño se alejó molesto, cuando vio llegar el coche había sonreído de manera involuntaria y las ganas de besarla se habían apoderado de él, pero Natalie parecía haber puesto una barrera, a pesar de prometerle que a Simone la sacaría de su vida, la rubia no confiaba y cuando supiera que la pelirroja iría al viaje, estaba seguro que lo apartaría aún más, solo esperaba que las cosas salieran bien.
Natalie se cruzó de brazos viendo a Rodrigo alejarse antes de girarse hacía Jonas que la miraba serio.
— Sé que me viste Jonas.
— No se de que habla señorita.
— Claro que sí, pero está bien si lo quieres negar es solo que no pude evitar que querías decirme algo durante todo el trayecto.
Jonas miró a la joven rubia nervioso, había visto la manera en la que había mandado al joven Montalbán y como este le había hecho caso sin rechistar.
— Es solo, un consejo señorita de León.
— ¿Ah sí?.
— Si el joven Rodrigo se entera no será nada bueno para nadie.
— Bueno, él sigue teniendo a Simone Malverde ¿no?.
— Le aseguro señorita que he visto los cambios en el joven Rodrigo, su mirada cambia cuando la ve, su actitud, sonríe más.
— ¿Y que se supone que haga yo con eso Jonas? Sabes igual que nosotros que todo ha sido una mentira, que a pesar de cómo se sienta Rodrigo no deja de ser una farsa, no es una historia de amor, no nos vamos a enamorar de la noche a la mañana y mucho menos cuando quiere imponer un matrimonio.
— A él le cuesta hablar de sus sentimientos, pero le aseguro que algo debe estar cambiando dentro de él.
— Pues que comience a sacarlo Jonas, porque nuestro tiempo se acaba.
Dicho esto la rubia se alejó recordando las palabras del asistente, ella no podía notar el cambio en Rodrigo o por lo menos no como Jonas decía, claro que había notado el hecho de que el castaño pretendía pasar más tiempo con ella, que se ponía celoso, de hecho le gustaba que Rodrigo Montalbán la celara aunque no lo admitiría enfrente de él solo le inflaría ese horrible ego que tenía.
Rodrigo salía del baño al tiempo que su celular sonaba, el castaño contestó sin ver el remitente muy pocas personas tenían su número privado por lo que no le preocupaba que un extraño le llamará.
— ¿Diga?.
— Rodriguito me he enterado que sales del país.
— Igor — la risa burlesca del ruso erizo por un momento los bellos de la nuca del castaño, Belcebú le había informado que todo parecía estar en calma por lo que había que prepararse para cualquier cosa, ya que con Petrov todo podía ser sorpresivo — ¿Que quieres?.
— La formula de eygos, algo muy simple.
— No me quitarás lo que es mío, ya supe que no te va tan bien en ventas.
— Si bien, un poco de retraso simplemente.
El castaño sonrió dejando que las gotas de agua siguieran escurriendo de su cabello.
— Ese retraso te saldrá muy caro Igor, no debiste botarme.
— Y tú no debiste traicionarme Montalbán.
— Nadie te traicionó, simplemente hice que cumplieras el trato.
La pesada respiración de Igor Petrov dejó de escucharse para simplemente reír.
— Está bien, hagamos un nuevo trato a cambio de información que sé que te interesará.
— No hay nada que puedas darme Petrov, no hay trato.
— ¡Un momento! — dijo exaltado el uso ante la intención del castaño de colgar — Te envié unas imágenes veelas antes de colgarme.
Rodrigo frunció el ceño abriendo las imágenes que Igor le envió, en un segundo sintió como le cortaban la respiración, nunca había sentido ese dolor en el pecho.
— Creí que no compartías — la voz distorsionada y burlesca de Igor Petrov salió del altavoz seguida de una risa — Mi trato es simple Rodriguito, dame la formula y yo te entrego su cabeza, piensalo durante el viaje.
Cuando la llamada terminó Rodrigo arrojó su celular contra la pared, apretó los puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos, no necesitaba que Igor peleará sus batallas él mismo se encargaría de ese hombre. La puerta de la habitación se abrió dando paso a la responsable de todo últimamente.
— ¿Qué te ocurre? — dijo Natalie viendo al castaño con los ojos rojos — ¿Te entró jabón?.
— Apúrate a arreglarte chula, se hace tarde.
Natalie suspiro antes de meterse al baño, Rodrigo podía ser tan extraño que nunca lo terminaría de conocer.
El hangar de los Montalbán quedaba a escasos quince minutos del hotel cuando llegaron ya los esperaban el piloto junto con cuatro asistentes de vuelo. Natalie vio su reloj daban casi las dos de la tarde y por lo que había averiguado en internet les llevaría cerca de diez horas llegar a Italia.
— ¿Estás nerviosa?.
La rubia se sobresaltó al escuchar la voz de Jafar a sus espaldas.
— ¿Es tu primera vez no?, se te nota por la forma en la que te aferras a tu bolso.
— Mi familia no tiene el privilegio de tener un avión privado.
— Ni tampoco el de volar en clase económica por lo que veo.
Natalie lo miró de mal modo mientras el mayor de los Montalbán subía al avión riendo.
— ¿Qué esperas para subir Natalie? — soltó Rodrigo desde el escalón haciéndole señas.
La rubia tomó aire intentando no vomitar antes de seguir a su “prometido” dentro del avión.
Apenas se escuchaba el sonido del as turbinas del motor llevaban cerca de una hora volando, en el despegue Natalie se había aferrado a su asiento cerrando los ojos, pero ahora que estaba prácticamente tranquilo se había fijado en lo lujoso que era el interior del avión, todos los asientos de piel con una respectiva mesa plegable para los alimentos, parecían pequeños cubículos de cuatro espacios lo bastante anchos, la rubia se había dado cuenta que se había quedado sola escuchaba las voces de Lauro Montalbán y sus hijos pero no quería voltear, no quería lidiar con ninguno de los Montalbán había visto a Simone Malverde sentada en uno de los asientos de fondo cuando ella subió al avión, la pelirroja solo le regalo una sonrisa de burla, pero se había concentrado en el despegue que no le tomo importancia, pero ahora Natalie tenía que recapacitar en el hecho de que Rodrigo le había mentido otra vez, no solamente le había convencido de viajar a Italia para seguir con la farsa si no que había llevado a Simone, pero claro, era su prometida, ella era la extraña ahí, la rubia se sentia tan fuera de lugar pero ya no podía arrepentirse de no ir esaba a cientos de metros de altura.
— Veo que ya despertaste querida.
Grace Janner sonreía pacíficamente mientras tomaba asiento frente a la rubia.
— ¿Despertar? — Natalie le miraba confundida, no recordaba haberse dormido.
— Te has desmayado de la presión y los nervios, Rodrigo prefirió dejarte dormir.
— ¿Cuánto tiempo?.
— Poco más de una hora.
Grace le hizo una seña a una asistente y poco tiempo después trajo una botella de agua.
— Bebe Natalie, te aseguro que te sentirás mejor.
La rubia asintió tomando un sorbo de la botella, Grace Janner debía ser la única que valía la pena en esa familia. Aunque aún las palabras de Jessica Sandler rondaban por su cabeza, si Grace Janner se sentía desplazada podía ser fatal.
— Gracias Grace.
— Querida no se si lo sabes, pero son bastantes horas de vuelo.
— Si, pude revisarlo en google.
Grace sonrió asintiendo.
— Bueno he pensado un poco en como pasar este tiempo, no he podido ver contigo nada de tu boda y es preocupante porque está a la vuelta de la esquina.
— Lo sé Grace, lo siento mucho he estado tan ocupada y enferma.
— Oh santo cielo, no te preocupes pero de ahora en más dejarás que mi hijo te cuide, tienes que estar sana para cuando se casen.
Natalie forzó una sonrisa, era claro que la mujer frente a ella se refería a estar sana para poder darle un nieto.
— ¿Entonces quiere hablar sobre la boda?.
Grace sonrió haciendo señas a la asistente que se encargó de dejar varias carpetas y muestras de tela. Natalie suspiró organizar una boda que nunca se llevaría a cabo, no era precisamente una idea que le fascinara, pero se esforzó por complacer a la mujer frente a ella un buen rato por lo menos hasta que Rodrigo Montalban se acercó a las dos mujeres tomando asiento en silencio junto a la rubia que solo lo miró de soslayo antes de volver a prestar atención a Grace que parecía encantada con cada una de las decisiones que había tomado.
— Rodrigo hijo, me alegra mucho que te hayas unido, estábamos planeando el lugar de la boda, no es lo mismo verlo por las imágenes pero seleccionen tres y cuando estemos de vuelta en la ciudad iremos a verlos.
El castaño alzó una ceja mirando las imágenes que su madre le ofrecía.
— Todos son playas, no veo la diferencia.
— Vivimos en una ciudad rodeada por el mar hijo.
— Me da igual entonces.
— Está el monasterio cloisters — dijo Natalie señalando la imagen del lugar en medio de la naturaleza, con la construcción antigua pero cuidada, los arcos que se formaban de fondo junto con el enorme pasillo que daba a una glorieta, las fotos de noche se veían bastante espectaculares.
Rodrigo se giró hacia Natalie, clavando su vista en los hermosos ojos de la rubia, sus largas pestañas y el ver como se mordía el labio inferior nerviosamente le hicieron olvidarse de su molestia.
— ¿A ti te gusta? — dijo con voz ronca.
— Bueno, es diferente — contestó la rubia sorprendida de que Rodrigo la tomara en cuenta.
— Entonces, para mí está bien.
Natalie carraspeo cortando el contacto, se había comenzado a poner nerviosa por cómo la miraba el castaño con esos ojos oscuros.
— Supongo que veremos ese primero Grace — dijo nerviosa hacia la mujer mayor que sonreía disimuladamente.
— Bueno, supongo que hemos terminado por ahora.
— Gracias Madre — dijo Rodrigo volviendo su vista de nuevo a la rubia — Luces hermosa.
La joven rubia se giró desconcertada hacia el castaño.
— ¿Qué?.
Rodrigo no sabía porque había soltado aquella frase tan de repente, su cerebro se había desconectado de su boca y no le molestaba dejar que llevará el control.
— ¿Podría besarte?.
— ¿Me estás pidiendo permiso? — contestó Natalie tratando de no reír, Rodrigo Montalbán pidiendo permiso para hacer algo que siempre hacía, que irónico.
— Solo era cortesía mi amor.
El castaño cerró el espacio entre ellos olvidando que su madre se encontraba presente, se concentró en las nueva sensaciones que le generaba cada vez que probaba los labios de Natalie, no dejaría que se la arrebataran de su lado. La rubia por su parte correspondió levemente al beso antes de separarse, se percató de que Grace Janner se había retirado silenciosamente, por lo que se acomodó nuevamente en su lugar.
— No tienes que besarme de esa forma frente a tus padres, ellos ya nos creen que tenemos una relación.
Natalie había dicho todo aquello en voz baja ganándose una mirada molesta del castaño.
— ¿Crees que fingí ese beso?.
— Creo que todo en ti es fingido Rodrigo, si no dime entonces ¿Porque Simone ha venido al viaje cuando dijiste que querías intentarlo?.