CAPÍTULO 31.

1818 Palabras
Los árboles se mecían con el viento mientras regalaban un poco de sombra a los estudiantes que se encontraban debajo de ellos, los días habían vuelto a ser calurosos en la ciudad, pronto llegaría el verano y con ellos los días de playa. Para Natalie de León significaba el término de sus estudios, por fin podría dedicarse a un trabajo formal en el que pudiera mantenerla a ella y su padre, se cambiarían de suburbio o quizá hasta de ciudad, no estaba segura de que su padre pudiera aceptar ese cambio tan drástico pero lograría convencerlo. — Entonces Rodrigo Montalbán de verdad quiere que seas su esposa — habló Tala Castillo mientras masticaba unas gomitas. La rubia hizo una mueca dejándose caer en el pasto, era su hora libre y su amiga había decidido acompañarla, sus horarios coinciden la mayor parte del día al contrario de los de las hermanas Vanetti. — No lo dijo tal cual, pero lo dio a entender. — Dudo que te lo pida realmente cielo, para mi ese hombre ya lo dio por hecho. — Lo sé. — Aun así no estás usando el anillo de compromiso — Tala señaló el dedo vacío — ¿Es por él o por Travis?. — Es por mí, no quiero que se sienta real, no cuando se que Simone Malverde sigue en la misma habitación que él y tampoco quiero lastimar a Travis, es divertido estar con él me hace olvidar los problemas. — Pero no crees enamorarte ¿cierto?. — No. — ¿Y qué sientes por el castaño?. Natalie miró a su amiga un segundo antes de perder la vista en los estudiantes que pasaban frente a ella. — No estoy enamorada. La joven decía la verdad, no estaba enamorada de Rodrigo Montalbán, pero ella sabía que se había instalado algo dentro de ella que aún no descifraba, le gustaba estar en sus brazos, le gustaba cuando la besaba, quizá solo fuera deseo, le erizaba la piel cuando la tocaba. — Tus ojos se han iluminado — dijo Tala riendo. — No es verdad — habló la rubia frunciendo el ceño. — Lo vi — sonreía mientras la acusaba con el dedo — Vamos a ver, no estas enamorada eso hasta yo lo sé, porque no tienes esa sonrisa bobalicona como cuando Adrián te mantenia sobre las nubes, pero no me vas a negar que ese hombre te mueve bastante fuerte el piso. Natalie soltó una carcajada. — ¿Tan enamorada estaba de Adrián?. — Si no te hubiera engañado seguirían juntos. Tala observó como su amiga dejó de reír para morderse el labio. — Él no me engañó. — ¿Qué?. — Adrián nunca me engañó, cuando lo vieron con aquella chica yo ya había terminado nuestra relación. — Pero qué dices — Tala miraba sorprendida a la rubia, que solo se encogió de hombros. — En un momento me sentí asfixiada, me asustó el hecho de tener algo que durara para siempre, por eso comencé a salir con más gente, Adrián es la mejor persona que conozco, se merece el mundo, yo no podía cortarle sus alas para que cayera junto conmigo. — Estás bromeando. La joven rubia soltó un suspiro mientras negaba con la cabeza. — Quizá en algún momento voltee a mi pasado, solo me arrepentí de perderlo quizá por eso quise recuperar su amistad y de verdad que solo quiero eso, es mi mejor amigo, no me dejaría sola. — ¿Y el pobre acepto todas nuestras groserías?. — Él dijo que era mejor así, que era igual — Natalie miró a su amiga con una sonrisa — No digas nada Tala, él quiere volver a formar parte del grupo por sus propios medios. — Ese hombre merece el cielo, en fin ¿entonces qué harás con Rodrigo y Travis?. — No lo sé. — Amiga piensa rápido, porque pasado mañana te vas a Italia con tu prometido. Natalie volvió a dejar que sus pensamientos vagaran mientras observaba a los estudiantes preocupados por sus finales, debían ser de primer año, usualmente muchos dejan sus carreras cuando ven que es demasiado complicado para aguantar otros tres años como mínimo, ella se sentía igual con su extraña relación con el castaño. Simone Malverde caminaba con una sonrisa en el rostro hacia el restaurante donde los padres de Rodrigo le habían invitado a acompañarlos, desde que habían dicho que ella era amiga de Jafar, andar libremente por el hotel había sido como el paraíso mismo, no le tenían restringido absolutamente nada, Rodrigo había cumplido esta vez con su palabra,además llevaba tiempo sin ver a la ex mesera, ya solo quedaba que el tal Marco hablara con su hija para poder ponerle fin al compromiso falso. — Buenas tardes señores Montalbán — dijo saludando cortésmente — Jafar, me alegra verte de nuevo. El castaño mayor sonrió mientras le abría la silla a la pelirroja. — Rodrigo, hermano deja el celular es de mala educación. Jafar sonrió al ver la molestia en el rostro de su hermano mientras Grace Janner le dedicaba una mala mirada. — Me disculpo madre. Para Simone ver a aquel Rodrigo tan educado y cortés, le hacía viajar al futuro imaginando cómo sería su vida dentro de poco, aquella sería una comida típica con la familia Montalbán la diferencia era que ella y el castaño estarían casados; una voz interrumpió sus pensamientos. — Lo siento, Jonas y yo tuvimos un contratiempo. Simone Malverde abrió los ojos con sorpresa al ver llegar a rubia sosteniendo su pecho por la agitación ¿que hacía esa mujer ahí? pensó apretando los puños. — Oh querida Natalie — habló Grace Janner con una enorme sonrisa mientras se levantaba a saludar a la recién llegada — Te habíamos echado de menos, has estado muy desaparecida. — Lo siento Grace, he estado enferma y la universidad tampoco ayuda, lamento muchísimo las veces que he faltado a nuestros compromisos. — No te preocupes querida — dijo la mujer mayor volviendo a tomar asiento — Solo espero que de ahora en más, procures tu salud. — Así será — dijo Natalie con una sonrisa, la cual se detuvo al ver a la pelirroja. — Mi amor — dijo Rodrigo levantándose y colocando su mano en la cintura de la rubia — Ella es Simone Malverde, es amiga de Jafar y ha venido de Francia para pasar unos días. — Mucho gusto señorita Malverde. — Encantada — habló Simone forzando una sonrisa ¿cómo podía Rodrigo hacer todo eso?. — Ella es mi prometida Natalie de León, dentro de poco menos de un mes será mi esposa ¿verdad mi amor?. Rodrigo aprovechó la confusión de la rubia para tomar su rostro y besarla. Jafar observó el contrariado rostro de la pelirroja mientras veía a su hermano besar a la rubia, por un momento sintió lastima por la mujer, pero si a Rodrigo no le interesaba mucho menos a él, había armado su plan de tal manera que pudiera tener a la dos mujeres en el mismo lugar y si alguna vez Simone se atrevía a hablar sería complicado que alguien le creyera. Estaba por caer el sol cuando Marco de León tomaba su limonada para acomodarse en los mullidos sillones del jardín, había llegado a su casa bastante agotado, a pesar de que la jardinería en casa de los Castillo no era extenuante, el largo camino que tenía que recorrer si lo era, aun así permanecía feliz. — ¡Por supuesto que no Rodrigo!. El hombre mayor suspiro al escuchar la voz de su hija junto con el golpe en la puerta principal. — No importa si no quieres chula…arregla tus cosas. Marco frunció el ceño levantandosé, se acercó distinguiendo a su hija con los brazos en jarra mientras el joven castaño la miraba molesto. — Parecen un viejo matrimonio y ni siquiera han llegado al altar. Natalie se giró para mirar a su padre que estaba recargado en el marco que daba al jardín. — Hola papá — dijo la rubia acercándose a saludar. — ¿Se puede saber porque discutían ahora?. — Nos vamos de viaje a Italia mañana señor Marco — habló Rodrigo tomando asiento en el sofá — Y solo le estoy pidiendo a Natalie que prepare sus maletas para desde hoy irnos al hotel, será más fácil coordinar todo. — Perdone joven Rodrigo, pero ¿ha dicho Italia? — dijo Marco confundido. — ¿No le has dicho a tu padre mi amor? — dijo de manera inocente el castaño. La rubia chasqueó la lengua mirándolo de mal modo. — Lo siento papá, entre tanta cosa se me ha olvidado decirte que Rodrigo me ha pedido que lo acompañe a un viaje con su familia. — ¿Cuántos días?. — Volveremos el lunes señor Marco, pero cualquier cosa que necesite Charlotte estará al pendiente de usted. — ¿Quién es Charlotte? — dijo Natalie frunciendo el ceño. — Mi nueva asistente, el pobre de Jonas, apenas puede — Rodrigo se encogió de hombros, había contratado a esa mujer exclusivamente para que cubriera las necesidades de Marco de León después la despediría. — Gracias Joven Montalbán pero no necesito de ningún empleado suyo para que vea por mi. — Mi papá tiene razón Rodrigo, cualquier situación Adrián vive cerca además las chicas estarán al pendiente. — Aun así — dijo el castaño encogiéndose de hombros — Charlotte de igual manera estará al pendiente, ahora Natalie coloca tu maleta. La rubia volvió a cruzarse de brazos. — Dije que no Rodrigo, no lo veo necesario mañana después de la universidad perfectamente puedo ir al aeropuerto. — Natalie no seas necia, me evitarías muchos problemas si hoy te quedas conmigo en el hotel. — También te evitaría muchos problemas si no fuera de viaje. Marco suspiró tratando de no reír sabía lo difícil que debía ser para el joven heredero que le negaran lo que quería, por lo que decidió intervenir dentro de poco su hija definitivamente no viviría con él así que debía acostumbrarse a que no estuviera. —Natalie, hija…creo que no habría problema en que te fueras con tu prometido hoy, después de todo tomar un avión a una ciudad tan lejana debe llevar mucha coordinación. — Papá no, es solo un vuelo. — Nunca has volado cariño. Natalie sintió sus mejillas encendidas al sentir la mirada de burla del castaño sobre ella. — ¿Nunca te has subido a un avión?. — No, Rodrigo, como ves no hay necesidad de volar a ningún lado aquí lo tenemos todo. — Bien — dijo Rodrigo levatandose — Pues será tu primera vez conmigo. El tono de voz en que dijo aquella frase hizo que la joven rubia ahogara un gemido, Rodrigo había sonreído cínicamente sabiendo el efecto de su voz en la rubia, además había logrado su cometido esa noche Natalie dormiría con él.
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