CAPÍTULO 26

1727 Palabras
La noche había caído tranquilamente para Natalie de León, había empezado a trabajar hace unas horas y por algún motivo ese día se le había pasado relativamente más rápido de lo normal. Tomó uno de los baldes llenos de jabón para vaciarlos a la máquina que le había asignado ese día para limpiar los pisos. Se había dado cuenta de que era muy poco personal en el turno nocturno, casi todos traían sus audífonos con la música puesta. Natalie suspiro tratando de recordar las indicaciones de su supervisora sobre cómo manipular la máquina. — Es simple, como manejar un carro de golf — dijo en voz baja. Una suave risa la sorprendió, se giró hacia el guardia de seguridad que aún sonreía mirándola. — ¿Alguna vez has usado un carro de golf? — dijo el desconocido con burla. — No, pero debe ser sencillo. — Si tu lo dices — hablo el hombre alzando de hombros — Mi noche ha sido aburrida, será divertido reir un rato. La rubia frunció el ceño, subiéndose al vehículo, lo encendió comenzando a avanzar con precaución, la verdad que no era tan difícil, sonrió mientras avanzaba durante unos minutos en silencio, hasta que la voz del hombre nuevamente se escuchó. — Se supone que tienes que hacer que se vacíe el líquido para que después vayas tallando y posteriormente secando. — Se como funciona lavar un piso. — No veo que lo hagas. — ¿No tienes otra parte a la que ir? — soltó Natalie con fastidio. — La verdad es que no. Tuvieron que pasar varios minutos para que la rubia comprendiera el funcionamiento de la máquina, después estuvo feliz por ello que no le importó que el guardia se riera de vez en cuando. Pasados varios minutos había recibido un mensaje de texto en el que Cloe le había avisado que Rodrigo no se había parado en la universidad en ningún momento, pero que si había un carro sospechoso gran parte del día, Natalie asumió que debía ser Jonas, pero habían ideado un plan para que no siguiera perdiendo clases, solo tenía que aguantar lo suficiente, por otro lado su padre también se había comunicado con ella únicamente par avisarle que el castaño había irrumpido en su casa, solo esperaba que con el hecho de tener el anillo de vuelta se cansara de fastidiarla. — Oye rubia ¿irás a cenar algo?. Natalie salió de su ensoñación para mirar al guardia que se estiraba con una sonrisa perezosa. — ¿Qué hora es?. — Van a dar las once de la noche. — Si, supongo que saldré a mi descanso. La joven comenzó a guardar las cosas antes de tomar su mochila y dirigirse a los pequeños comedores que les habían asignado. — ¿Cómo te llamas?. Natalie se giró un momento hacia el guardia viendo que la seguía. — Natalie. — Soy Travis. — ¿Irás a comer también?. — Si te molesta puedo esperar, pero no es que aquí tengamos muchas personas con quien hablar, se pasa más ameno el rato ¿no crees?. — Supongo. Travis sonrió caminando al lado de la rubia, a veces las mejores compañías vienen de quien menos te lo imaginas. El viernes había llegado con rapidez aunque el clima no se veía favorable había amanecido nuevamente con lluvia, desde la noche anterior parecía que el cielo iba a caer sobre toda la ciudad. Simone Malverde hizo una mueca mientras cerraba el ventanal de la habitación. — Hace un día terrible, deberíamos quedarnos en la habitación. La pelirroja se giró hacia el castaño que estaba concentrado en su celular, estos días parecía completamente aferrado a ese aparato como si esperara unas noticias que nunca llegaban, le había sorprendido que no se hubiera desaparecido de la habitación, solo para ir a trabajar y volvía a encerrarse en la habitación. Para Simone era fastidioso verlo en aquella situación, la ignoraba casi por completo, se sentía rechazada cuando hace unos meses aceptó ser la esposa del heredero Rodrigo Montalbán nunca imaginó que viviría ese tipo de situaciones. — Rodrigo contesta. El castaño frunció el ceño levantando la vista. — Simone, no fastidies estoy trabajando y…— el sonido de su celular lo interrumpió, casi de inmediato se levantó saliendo apresuradamente de la habitación. — ¡¿A dónde carajo vas?! — dijo la pelirroja siguiéndolo por el pasillo — ¡Rodrigo, detente o te juro le diré todo a tus padres!. El castaño se detuvo, volvió hacia donde la pelirroja lo miraba triunfante. — ¿Te atreves a amenazarme?. — Tu hiciste un compromiso conmigo y parece que se te ha olvidado. — Quiero que te largues Simone, en este momento tomarás un vuelo a Francia y te quedarás allí hasta que arregle la situación, si no te gusta entonces se acaba el compromiso. Simone lo miraba sin comprender, estaba estupefacta ante la petición del castaño. — No puedes hacerlo. — Claro que puedo, recoge tus cosas y lárgate, además si te atreves a decir algo a mis padres, todo lo que un día te prometí jamás será tuyo, puedes tenerlo todo Simone, ser la dueña de toda la fortuna Montalbán esa promesa sigue en pie, solo tienes que dejar de fastidiarme. — ¿Cómo sé que cumplirás?. Rodrigo sonrió de lado tomando el mentón de la pelirroja. — Porque eres una mujer marioneta, doy una orden y tu la cumples, así funciona. El castaño sonrió de lado dejando con la palabra en la boca a Simone antes de caminar nuevamente por el pasillo con una sonrisa en su rostro. Jonas miraba preocupado desde su posición como la joven Natalie alistaba sus cosas para retirarse de la universidad, le había dicho a Rodrigo que por fin había señales de la rubia, solo esperaba que llegara a tiempo, llevaba días de vigía y se había cansado más de lo que hubiera imaginado. Volvió a mirar con terror como la joven se despedía de sus amigas mientras en compañía del moreno caminaban hacia el mustang rojo. — Esto es una locura — dijo para sí mismo el asistente antes de acercarse hacia el vehículo que estaban abordando. — Señorita de León, espere un momento. Natalie frunció el ceño al ver como Jonas Calibran se acercaba de manera agitada hacia ella, parecía que no se había aseado en días, el pelo alborotado, su playera arrugada y una pequeña barba incipiente. — ¿Te han asaltado? — dijo Adrián señalando el aspecto del joven. — Eh…no, pero gracias por preguntar. — ¿Que haces aquí Jonas? — soltó de manera brusca la rubia. — Le pido que me acompañe señorita Natalie, el joven Rodrigo… — Tu jefe y yo ya no tenemos ningún compromiso Jonas, si te mando a espiarme, dile que levantaré una denuncia por acoso. Jonas miró a la mujer con preocupación, sabía que ella tenía todo el derecho de poner una denuncia , pero también sabía que si Rodrigo se enteraba que no hizo nada para detenerla, bueno tratar de mantener su cabeza sobre sus hombros sería la menor de sus preocupaciones. — Vamos amigo, mejor vete — dijo Adrian viendo la situación — Vamos Nat, se hará tarde. Natalie asintió abriendo la puerta del copiloto, pero el derrape de llantas del auto deportivo que conocía tan bien la detuvo, dirigió su vista hacia el hombre que bajaba molesto del vehículo. — Nat, sube al auto — dijo Adrian viendo como su amiga se había quedado inmovil — ¡Nat! Rodrigo llegó a zancadas hacia el mustang cerrando la puerta del copiloto y acorralando a la rubia contra el vehículo. — Necesitamos hablar. — Dejala en paz — Adrian se había acercado alejando al castaño de una Natalie que apenas reaccionaba. — ¡No te metas Morán!. — Sé cómo te sientes Rodrigo — intentó suavizar las cosas el moreno — Pero no es la forma, pueden hablar en otro momento. — No — dijo Natalie — Solo será un minuto ¿me puedes esperar Adrian?. El moreno suspiró. — Toda la vida — dijo alejándose lo suficiente para darles espacio, no estaba seguro que fuera lo correcto pero tampoco era quien para obligar a la rubia a hacer lo que él creía estaba bien. Natalie miró al castaño cruzándose de brazos. — ¿Qué quieres Rodrigo?. — Que te dejes de estupideces, te vuelvas a colocar el anillo y vayamos con mi madre, porque está verdaderamente insoportable. Rodrigo frunció el ceño al escuchar la risa de la rubia. — No iré. — ¿Por qué le has contado a tu padre todo Natalie?. — ¿Crees que yo lo hice? — dijo Natalie borrando la sonrisa de su rostro, el dolor se estableció en sus ojos al recordar las palabras que su padre le había dicho esa noche. — ¿Entonces quién se supone que lo hizo?. — ¿Crees que va a cambiar algo el saber quién fue Rodrigo? Quiero continuar con mi vida teniéndote lejos de ella, quiero que comprendas que todo este jueguito ridículo de ser tu falsa prometida se acabó, yo ya no te debo nada, no estoy en deuda, esta mentira es tu problema. La lluvia que apenas era perceptible de repente se volvió más torrencial, varios estudiantes corrían a refugiarse, Natalie abrió nuevamente la puerta del mustang. — Si no me lo dices tú, tu padre lo hará. — Alejate de él. El agua escurría por su rostro mientras una sonrisa torcida aparecía. — ¿Quién fue Natalie?. La rubia lo miró con una ceja alzada. — Simone Malverde, ella fue a buscar a mi padre. — ¿Simone?. — A estas alturas Rodrigo no me interesa si me crees o no — dijo subiendose al mustang rojo después de que Adrian corriera a encenderlo — Se pueden ir a la mierda tu y tu prometida. Rodrigo se acercó a la ventana pegando su rostro, Natalie lo miraba desafiante igual que la noche que la conoció, sonrió. — No va a ser la última vez que me veas. — Atente a las consecuencias entonces Rodrigo Montalban. Jonas Calibran observó bajo la lluvia como el joven Montalbán veía el viejo mustang rojo desaparecer ante su vista, solo había visto una vez aquella mirada tan decidida en Rodrigo Montalban, cuando hace tiempo creo “eygos”.
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