HARDY Bajo las escaleras con la cabeza aún nublada por los recuerdos. Si me concentro lo suficiente puedo ver a Valentina correr escaleras abajo directa a la piscina donde le encantaba pasar las horas jugando, o a mi madre pintando en su estudio los cuadros que ahora adornan las paredes de mi casa. Si me esfuerzo, puedo verlas. A quién quiero engañar, las veo cada puta noche. Cada vez que cierro los ojos la pregunta del millón me ronda como un depredador sediento: ¿por qué ellas y no yo? En ocasiones, preferiría haber muerto en ese accidente. Era mejor no sentir nada que notar la pérdida punzando con cada maldita inspiración. —Son unas niñas estupendas, pero estoy segura de que esos dos pequeños cerebros juntos nos darán más de un quebradero de cabeza en unos años —dijo una voz suave cas

