IRIS Dicen que los cobardes corren en círculos. En su desesperación por alejarse del mal temido, terminan perdiéndose en la vorágine de sentimientos incongruentes. Si me preguntan, no estoy de acuerdo. Cobardes son aquellos que huyen sin haber dedicado unos segundos a identificar la amenaza. O quienes deciden aceptar un destino que no está escrito en piedra sin tan siquiera intentar cambiarlo. No soy una de ellos. Yo no corrí, salí con paso firme, la cabeza en alto y la certeza de que irme era lo mejor para los dos. Para él. Para mí. No lo sé, hace tiempo que no sé dónde acabo yo y dónde empieza él. Llevo cuatro días repitiéndome lo mismo una y otra vez. Es lo mejor. Quizá, en algún momento logre convencer a mi corazón de lo que la cabeza ya sabe. Es cuestión de tiempo. Solo tengo que

