Las dos caras de la moneda

2427 Palabras
*** TERRENCE SLOW *** Fueron momentos un poco incómodos, Amanda se sentó sobre la orilla de la cama y yo recompuse mi cabellera que había quedado alborotada por las caricias de ella, era difícil diferenciar la actuación de lo real, ciertamente la deseaba pero sólo eso, su figura es muy extenuante y realmente no ha dejado que la gente contemple a fondo pues la mayoría de sus ropas son holgadas pero para mí no hay secretos, he escaneado su cuerpo para asegurarme que esté bien por lo cual conozco sus proporciones exactamente y sumándole el rostro bello al natural creo que muy pocas mujeres así he encontrado en tantos años que he vivido. -Debo salir a resolver unos pendientes a mi despacho- mencioné para huir de ella momentáneamente, puedes hacer lo que quieras, en treinta minutos regresaré para que leamos el contrato y lo firmes -Sí, gracias- respondió secamente Fui al despacho, tomé mi teléfono y llame al secretario de Estado -Tomás, buenas noches, la chica ha aceptado, firmaremos hoy mismo el contrato, ya está instalada en mi casa- informé -Perfecto, necesitamos que apresures las cosas faltan pocos meses para anunciar tu candidatura y necesitamos que para entonces ya estés casado -Pero es muy pronto…-fui interrumpido -Si primero te hicieras candidato y luego te casaras se vería sospechoso, todos supondrían que solo lo hiciste para cumplir con el protocolo y te quitaría prestigio, es mejor que piensen que te casaste enamorado. -Entiendo- confirmé- te informaré cualquier novedad debo irme y lidiar con todo este embrollo Fui a las r************* y pude ver los videos que circulaban sobre la pedida de mano, el plan estaba dando resultados rápidamente, viéndonos allí realmente parecía creíble, algo menos de lo que preocuparme, revisé algunos documentos e imprimí el contrato para llevárselo a Amanda, lo hice yo mismo pues nadie debía enterarse de ello, era un secreto de Estado literalmente. Caminé hacia mi habitación, desabroché mi camisa y desabotoné las mangas, al entrar no la vi por lo cual supuse que estaría fuera, caminé hasta el baño quitándome la camisa y dejando mi abdomen al descubierto, escuché la caída del agua y no me detuve, usando mi visión dotada pude ver la silueta de Amanda pero no me conformé con ello, seguí avanzando hasta poder mirarla directamente, definitivamente la quería en mi cama, pero también sabía que luego la botaría y era algo que no podía permitirme por ahora, salí del baño realmente extremado, coloqué mi camisa de nuevo y salí de allí. Di instrucciones de que atendieran bien a Amanda, le pedí un cambio de ropa a la señora perkins y subí en mi deportivo, busqué en mi celular el contacto de mi amigo Arnold quien tardó muchísimo en contestar -Buenoooo, tengo poca audición- mencionó -¿Dónde estás?- pregunté -En el bar de Nicolás, hoy es la inauguración hay unas chicas preciosas- exclamó -Mándame la ubicación, iré para allá- necesitaba despejarme y saciar este maldito instinto de contacto Llegué al bar, saludé a Arnold y Nico que estaban muy bien acompañados, pedí varias bebidas, quisiera poder emborracharme y perder el sentido pero ni ese lujo tengo, mi cuerpo no se embriaga ni tomando un almacén completo de vinos; las chicas me miraban sugestivamente, una pelirroja llamó mi atención, cruzamos algunas palabras conversando y no me tomó ni una hora llevarla a la habitación de un hotel, su nombre no lo recuerdo, solo sé que descargué toda mi ansiedad en ella, que saqué todo ese deseo que había nacido en mi casa y aun así no me sentí satisfecho. Toda la noche estuve con ella, dormí allí esperando que todo volviera a la normalidad al día siguiente pero la realidad me golpeaba en la cara, nada cambiaría por ahora y mi libertad lo valía. Hablé a la joyería y pedí un juego de accesorios para dama, les indiqué a donde enviarlos, tomé una ducha rápida y me coloqué ropa limpia, salí de allí directamente a la oficina pues tendría una reunión para ultimar los detalles de mi preparación. Al llegar allí los mandatarios me esperaban, hablamos sobre la importancia de mi presidencia y la dirección adecuada del país según ellos, me indicaron que debía hacer pública la fecha de mi boda la cual sería en un mes, me otorgaron los contactos de weddin planners para hacer los preparativos, querían que formara parte de ellos y proyectara la imagen del hombre perfecto y enamorado, responsable y capaz de manejar la vida política y privada de la mano; me parecían absurdos sus ideales pero me limité a obedecer. Llegó la hora de la comida, recordé que no había llevado a Amanda el contrato y necesitaba esa firma antes de que se retractara. Tomé el teléfono y marqué a casa, la señora perkins contestó casi de inmediato -Señora perkins, soy Terrence- dije -Oh joven amo, ¿Qué se le ofrece?- preguntó amablemente -La señora Amanda ¿Está en casa? -Si señor, se levantó muy temprano, preguntó por usted varias veces, no quise decirle que no llegó a dormir pero creo que lo ha deducido sola, hizo ejercicio durante casi tres horas y ahora mismo está cocinando- informó preocupada- le he dicho que no tenía que hacerlo pero insistió A Amanda le gustaba cocinar, ya lo había hecho antes, ya había estado en mi casa y se había apoderado de mi cocina. -Entiendo, voy para allá, no le diga que he llamado, quiero sorprenderla. Colgué la llamada, tomé mi maletín y llamé a mi asistente, la señorita Dubal, pocas veces la hacía seguirme de un lado a otro pero ahora la necesitaba porque tenían muchos pendientes acumulados y con lo que se veía venir de la boda mi tiempo sería más reducido, así que delegaría algunas responsabilidades, le pedí que manejara mi auto hasta casa, bajamos y nos dirigimos hacia el comedor, le empecé a comentar algunos pendientes del trabajo y ella hacía sus anotaciones en el móvil. Amanda entró al comedor dispuesta a comer y la señora Perkins detrás de ella con una charola de comida, me miró y de inmediato miró a mi asistente, su rostro se veía disgustado, caminó lentamente y se acomodó en la silla que estaba a mi otro costado, no sabía que ocurría, me miró con frivolidad y ordenó -Señora Perkins, tenemos una invitada, agregué un servicio más por favor- dijo tranquilamente, al fin entré en razón y vi lo mal educado que estaba siendo pero normalmente no me veo envuelto en situaciones así, no en mi propia casa -Señorita Dubal, ella es Amanda mi prometida- articulé con dificultad -Mucho gusto señorita- dijo confundida; ella manejaba mi agenda, sabía quién entraba y salía de mi oficina y demás, obviamente nunca la había visto ni escuchado de ella -Aún es un secreto, lo hemos ocultado por mucho tiempo y no queremos que se sepa antes de que nosotros lo anunciemos- expliqué -Oh desde luego señor, cuenten con mi absoluta discreción- contestó- les agradezco la invitación pero debo retirarme tengo un compromiso a las nueve. Ciertamente me había comentado que la niñera sólo podría cuidar a su hijo hasta esa hora y debía volver pronto. -Puede retirarse, la veré mañana para terminar de distribuir las acciones- me levanté para recorrer su asiento, se levantó y se despidió de Amanda brevemente. Regresé a mi asiento, la cena fue servida y comenzamos a comer, estaba realmente delicioso, el sazón era magnifico, cómo un simple filete podía saber tan diferente, tan poco común, sin duda Amanda tenía un talento oculto. El silencio imperó, ella ni siquiera volteó a verme, después de varios minutos el silencio se rompió -Creí que no podríamos tener relaciones con otras personas, además te atreves a traerla a nuestra casa, podría ser peor tu descaro, con dormir con ella era más que suficiente, o quizás ¿la trajiste para que viera que tienes alguien en casa y ahuyentarla? *** AMANDA BLITZ *** Cuando la señora Perkins abandonó la habitación quería que la tierra me absorbiera, sentía que mi rostro era completamente rojo, lamenté no haberme no haberme arreglado un poco mejor ese día, lo miré de reojo, se peinaba con sus mismas manos el cabello, lo había despeinado en esos cinco minutos de actuación, ciertamente me encantó ese momento, quería descubrir que más tenía para mí, aún así tenía una pelea interna pues por un lado quería que el hiciera y deshiciera conmigo pero por otro lado no quería ser una más en su lista de material desechable, quería hacerlo trabajar por obtenerme, pero era realmente muy díficil, como encender una mecha de dinamita y luego intentar apagarla antes de que explote, una misión casi imposible. Pensaba como escabullirme de allí cuando él habló -Debo salir a resolver unos pendientes a mi despacho, puedes hacer lo que quieras, en treinta minutos regresaré para que leamos el contrato y lo firmes -Sí, gracias- dije, era una tonta como solo decir eso, debí intentar ser más demostrativa En cuanto él salió me dejé caer sobre la almohada y tapé mi rostro con ella para lamentarme por lo acontecido y sacar mi frustración, decidí bañarme antes de acostarme, aún sentía el aroma de Terrence en mi piel, el sabor de sus besos en mi boca, tomé una agradable ducha, el baño era muy espacioso, casi del tamaño de la cocina de mis tíos. Mientras sentía que el agua limpiaba todo a su paso, creí escuchar ruidos en la habitación, cerré la llave del agua y me coloqué una bata de baño, no había nada extraño, un minuto después tocaron a la puerta, la señora Perkins me trajo una muda de ropa, me indicó que podría cenar si deseaba algo, tomé la ropa y agradecí. Me recosté en la cama y miré mi teléfono, busqué el perfil de Terrence, muchas personas le escribían, bajé un poco y vi un vídeo en el cual lo habían etiquetado, era la propuesta falsa, en realidad se veía como un momento perfecto, algo romántico y lleno de amor, quién diría que todo era una enorme mentira. Pasé mucho tiempo bobeando en el teléfono, ya era muy tarde y Terrence nunca apareció con el contrato, quizás aborreció tanto nuestro contacto que decidió alejarse por ahora, continué esperando y ni siquiera cené, el sueño me venció y nunca volvió a la habitación, como pude creer que la compartiríamos, ni siquiera tuve tiempo que cambiarme de habitación. A la mañana siguiente me enteré que el no estaba en casa, no llegó a dormir, qué clase de imagen quería reflejar si en el primer día de traerme a su casa desaparece y pasa la noche sepa Dios dónde, era un mujeriego sin remedio, cómo podía querer estar en brazos de alguien así. Desempaqué y me coloqué un conjunto deportivo, entré a la habitación que estaba habilitada como gimnasio, coloqué música a alto volumen y empecé a ejercitarme, eso me desestresaba, me ayudaba a espabilar, pensar sobre lo que debía hacer en cada circunstancia que implicara riesgo, además últimamente me he sentido muy enérgica, cómo si no pudiera estar quieta, ademas mis uñas han crecido demasiado y mi cabello se nota más sedoso, me preguntaba si tenía algo que ver con vivir en esa agradable mansión, aunque me pareció demasiado inmediato.  El tiempo se me pasó volando, me sentí muy hambrienta, no podía sentarme a lamentarme porque Terrence me plantó y ni siquiera hemos firmado el contrato, tampoco a imaginar en qué hizo esa noche afuera y con quién, no era de mi interés aunque si me intrigaba un poco, quité esas ideas de mi mente y me dirigí a la cocina, miré en el refrigerador     que estaba muy completo, seleccioné unas carnes y algunos vegetales, la señora Perkins se acercó a mí queriendo impedirme el trabajo pero insistí en que lo haría yo misma, afortunadamente a tiempo sonó el teléfono y me dejó cocinar tranquila y a mi manera. Cuando terminé la señora perkins insistió en servirme, la dejé ser, caminé hacia el comedor y ella caminó detrás de mí, en la mesa me encontré con Terrence y una mujer muy bien instalados en el comedor, definitivamente no conocía la vergüenza, encima de que durmió con otra mujer en visperas del acuerdo, se atreve a traerla a su casa regodeandose de mí, más no le daría el gusto, los miré firmemente  -Señora Perkins, tenemos una invitada, agregué un servicio más por favor- dije sin titubear,le demostraría que puedo ser una excelente anfitriona y que lo que haga no me interesa, ahora mismo sólo estoy velando por mis intereses y los beneficios que ofrece el trato -Señorita Dubal, ella es Amanda mi prometida- pronunció nervioso -Mucho gusto señorita- su voz salió con dificultad; evidentemente no sabía que yo tuviera alguna clase de relación con Terrence pues su rostro se mostró sorprendido y hasta podría decir que incrédulo -Era un secreto, lo hemos ocultado por mucho tiempo y no queríamos que se supiera antes de que nosotros lo anunciáramos, aunque ya muchos lo saben, reporteros, nada se les escapa-añadió  -Oh desde luego señor, cuenten con mi absoluta discreción- contestó- les agradezco la invitación pero debo retirarme tengo un compromiso a las nueve.- seguramente decidió irse por lo incómodo de la situación, era evidente, Terrence Slow rompiendo un corazón más. -Puede retirarse, la veré mañana para terminar de distribuir las acciones- él se levantó como el más fino caballero y la ayudó a abandonar la silla, patán. -Fue un gusto conocerle señorita Amanda, con permiso- articuló la mujer -El gusto es mío querida- fingí cordialidad Sin decir ninguna palabra, el desayuno fue servida y comenzamos a comer, quería reclamarle pero no tenía derecho a hacerlo, también temía perder lo que he logrado hasta ahora, no puedo renunciar pues no tengo dónde ir ni empleo, antes de tomar cualquier decisión tengo que considerar eso o solucionarlo para después poder tener un soporte, aún así no quería guardarme mis pensamientos y pensé en una manera inteligente de manifestarlos -Creí que no podríamos tener relaciones con otras personas, además te atreves a traerla a nuestra casa, podría ser peor tu descaro, con dormir con ella era más que suficiente, o quizás ¿la trajiste para que viera que tienes alguien en casa y ahuyentarla?- dije de un solo tajo. Terrence me miró, su frente se arrugó un poco en señal de extrañeza, no debí ser tan directa, al final no pude guardar por completo mis pensamientos y sonó como un evidente reclamo tal cual como una verdadera pareja entablaría haciendo una escena de celos ante cualquier amenaza.
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