Sebastián. Saco a bailar a Leila riendo porque siempre dice que no sabe bailar pero se esfuerza, porque somos una familia numerosa, los cumpleaños son muy habituales, entonces siempre la hago bailar, a los chicos les traemos unas colchonetas, juegos y ahí quedan, a la vista de nosotros y de mí mamá porque ella no se mueve para nada. —No me marees. —No no, bien pegaditos vamos a bailar. —la tengo de la cintura haciendo nada, miramos a un lado donde escuchamos gritos—. No puede ser que ya tenga quince. —No digas nada, quiero llorar. —No estés triste amor. —la abrazo porque llora y la entiendo, yo también estoy mal solo que intento serle de apoyo—. Sabes, hay algo que nunca te pregunté. —¿Qué cosa?. —¿Te quieres casar conmigo?. —dejamos de bailar mirándonos a los ojos—. Me tardé y no p
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